Hojeadas de arte, cultura y educación

El Centro Cultural Batahola Norte celebró en grande la inauguración de sus nuevos espacios.

* Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

Batahola y yo tenemos una historia de años: ahí empezó a estudiar música Ave Asán, mi mejor amiga; de ahí son dos de los Maní con chile, otros grandes amigos; y ahí está uno de los centros culturales con mayor compromiso social en la formación de nuevos artistas. También ofertan cursos varios de cocina, mecanografiado, entre otros.

Me gusta contar que mi carrera periodística comenzó después de ver Miedo y asco en Las Vegas y enamorarme de la interpretación de Johnny Depp como Raoul Duke, el alterego literario de Hunter S. Thompson, que con su periodismo gonzo y su atrevimiento conquistó mi corazón; pero en realidad comenzó mucho antes, en el Centro Cultural Batahola Norte. Me explico: Ave Asán, que a estas alturas todos mis lectores y allegados ya deben saber, es mi mejor amiga. Nos conocimos a la edad que Harry Potter se fue a Hogwarts. a los once años, en el colegio.

La Ave llevaba apenas un añito con su violín, y yo acababa de escribir mi primer poema. Mutuamente sorprendidas de encontrarnos, pues ambas nos interesabamos profundamente por el arte, nos volvimos amigas. Pasaron los años, y la Ave me empezó a invitar a sus presentaciones en Batahola. Yo llegaba fielmente, y no dejaba de sorprenderme que los medios de comunicación no le brindaran la cobertura que se merecían a los artistas. A lo sumo salen los anuncios de presentaciones, algun video de una que otra presentación y breves entrevistas que no ahondan en los motivos del artista para dedicarse a su oficio. Todavía menos se habla de la trayectoria de los centros culturales.

Más años pasaron, y el pasado 5 de junio me encontraba, cámara en mano y por invitación de Tania Molina, su promotora cultural, cubriendo la inauguración de los nuevos espacios del Centro Cultural Batahola Norte. Varios días antes los bataholos andaban anunciando a voz en cuello y por todos lados que estaban estrenando oficinas y un nuevo salón de danza. La Ave, antaño alumna y hoy profesora, estuvo al frente para cortar el lazito azul.

Estuvo alegrísimo: estaba lleno a más no poder, hubo presentaciones de todo tipo, los niños correteaban entre las bancas, había artistas invitados —como la Biblioteca Comunitaria La Casita del Árbol  de Tipitapa—… Los bataholos, orgullosos anfitriones, se lucieron. Por acá un breve registro de esa noche:

Nunca conocí la citada etapa en que el fundador, el padre Ángel Torrellas, estuvo vivo ni sé cómo fue su gestión, pero estoy segura de que se alegraría de ver la prosperidad del centro y de cómo su voluntad de educar ha iniciado a muchos artistas. Batahola Norte, un barrio que ostenta en su estación de bus un busto de Rubén Darío, con su respectivo rótulo solicitando respeto, ha sabido ganarse y mantener su lugar.

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