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Septiembre 2016 en el Centro Cultural de España en Nicaragua

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Actividades culturales CCEN – Septiembre 2016

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Más información en: Centro Cultural de España en Nicaragua (CCEN)

 

Agosto en el Centro Cultural de España en Nicaragua (CCEN)

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Actividades culturales CCEN – Agosto, 2016

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Julio en el Centro Cultural de España en Nicaragua (2016)

 

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El taller de Reinaldo Hernández

Pintor, muralista y profesor. El artista plástico Reinaldo Hernández saca del bául de los recuerdos las experiencias más significativas de su vida en el arte.

*Por Solange E. Saballos

Fotografía: Archivo de Reinaldo Hernández

¿Cómo conocí a Reinaldo Hernández? Nuestro encuentro se lo debemos a Róger Pérez de la Rocha y a una oportuna llamada telefónica. Reinaldo estaba buscando modelos, y preguntó a Pérez de la Rocha si conocía a alguna. Después de recalcarle con rudeza que él no era una agencia de modelaje, le pasó mi contacto. Así, terminé yendo a su taller a ganarme unos billetes por un par de meses. ¿En qué consistía mi trabajo? En ser modelo.

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Boceto 2 por Reinaldo Hernández

El Taller de Dibujo y Pintura ‘Reinaldo Hernández’ está ubicado de la segunda entrada de Las Colinas (km 9.5) 1 c arriba y 3 c al sur, contiguo a la estación de bomberos. Al entrar podés ver caballetes con cuadros a medio pintar, estudiantes de edades que oscilan entre los 9 y más de 50 años, largas mesas de trabajo y montones de libros encajonados -a don Reinaldo le gusta leer mucho-. En medio de este laborioso estudio en común, don Reinaldo imparte sus clases de la forma más relajada y amena posible. Cuando llegás incluso te presenta a sus estudiantes y, si prestás atención, podés aprender de técnicas pictóricas: alterna pláticas casuales con lecciones a sus alumnos.

Viajes, picardías, colegas pintores -como la ceramista y pintora Nunzia Valenti-, infinidad de ánimos y consejos fue sólo un poco de las cosas que pude apreciar estando en su taller.

Nos volvimos amigos y, como artista joven, he percibido el desempeño y pasión de Reinaldo Hernández que se propaga fácilmente gracias a su entusiasmo y pícaro humor. Hoy, quisiera que lo conocieran más a fondo.

P. ¿Cuándo sintió el impulso artístico por primera vez?

El impulso artístico lo sentí a los 10 años. Hacía dibujos en mi cuaderno y se los vendía a los otros niños.

P. ¿Dónde estudió pintura?

Empecé a estudiar pintura en la Escuela de Bellas Artes ‘Rodrigo Peñalba’ de Managua. Antes había participado en un concurso de pintura infantil en Checoslovaquia y gané el 2do lugar. Eso permitió que me dejaran inscribirme en la escuela a los 12 años, y no esperar a los 16 años, que era la edad mínima requerida.

P. ¿Qué experiencias han marcado un antes y un después en su carrera?

He sido invitado a pintar murales en Italia en 3 ocasiones: en 1992, 1999 y 2003, siendo galardonado con las llaves de la ciudad de Fermo y Ascoli Piceno

Asimismo, participé en una exposición en San Francisco California en 2002, lo que dio a conocer mis cuadros al público de Estados Unidos.

P. ¿Por qué pintura? ¿Por qué no escogió música, literatura o cualquier otro arte?

Porque uno no escoge el arte, el arte lo escoge a uno. Uno siente la necesidad de hacerlo porque lo apasiona. A mí me escogió la pintura.

P. ¿Cuáles son sus temas recurrentes?

Mis temas recurrentes son las relaciones de poder, lo hago a tráves del contraste entre un cuerpo desnudo de mujer y una armadura, por ejemplo. Últimamente me apasiona la velocidad, el movimiento y la fuerza. Lo represento a través de caballos en tropeles.

P. ¿Qué técnicas utiliza? Hábleme de su proceso técnico-creativo.

Utilizo todas las técnicas, pero en los murales uso la pintura acrílica y en los lienzos óleo sobre tela.

Mi proceso creativo parte de una idea o de una imagen, la cual voy resolviendo mentalmente antes de pintar. Después hago un boceto donde voy enriqueciendo las imágenes y luego empieza la lucha con la tela, que puede ser con jornadas de hasta 12 horas sudando la gota fría.

Reinaldo Hernández_Mural_Palmereando

P. ¿Desde cuándo tiene el taller de pintura?

Lo fundé en 1993, hace ya 23 años, después de mi regreso de Italia la primera vez.

Lo fundé porque, mientras estábamos pintando el mural en Italia, que duró un mes, todos los días nos llevaban de 20 a 30 niños a que nos vieran pintar de entre 4 a 12 años. Eso me llevó a ver la importancia de inculcar en los niños la cultura y vine con la firme determinación de fundar un taller escuelita para niños, ademas que yo empecé los estudios profecionales de pintura a los 12 años, es decir, siendo un niño todavía.

P. ¿Qué siente al trabajar con niños?

Trabajar con los niños es un viaje fantástico lleno de imaginación, ya que todos los niños son creativos hasta más o menos los 12 años, cuando las escuelas se encargan de hacerlos demasiado racionales y asi van perdiendo la imaginación.

[Galería] La prolongada disputa por una 1/8 parte de la Casa de los Tres Mundos

Galería de fotos y audio sobre la protesta en contra del desmembramiento de la Casa de los Tres Mundos en Granada.

Por Solange E. Saballos y Danilo Castañeda

La prolongada disputa por una 1/8 parte de la Casa de los Tres Mundos es un artículo publicado en mi columna en Casi literal, revista literaria centroamericana. Clic aquí para leerlo.

Conferencia de prensa sobre desmembramiento de la Casa3Mundos

Los medios jóvenes dialogamos

Managua furiosa, Altanto, DaleClic y Palmereando compartimos nuestra experiencias sobre periodismo cultural digital, gestión cultural y experimentos en un conversatorio nada protocolario.

* Por Solange E. Saballos

Foto por: No hay, no tuvimos cobertura. Nadie se acordó de sacar la cámara.

Por estar pensando que somos bien geniales
cuando en realidad somos unos bacanales y es que
yo soy como todos los demás son.

Yo soy, de Milly Majuc

Han pasado como tres semanas desde que realizamos el conversatorio ‘Jóvenes haciendo cultura en la web’. Si he dejado pasar el tiempo no ha sido por pereza o porque considere que esta reunión no sea digna de ser relatada. No, sino que entre tantos festivales, eventos, buscar ingresos ($) y mi propia vida, quería darme un chance de reflexionar acerca de este boom de medios culturales digitales, todos protagonizados por líderes jóvenes y cuya fe en que la cultura puede mejorar la sociedad es lo que los sigue empujando a realizar esta quijotesca, difícil e inmensa tarea.

Aquel viernes 7 de agosto, en el marco del IV Festival Literatura UCA, nos congregamos en la sala Lizandro Chávez Alfaro cuatro medios jóvenes que hemos irrumpido fuertemente en el panorama periodístico cultural digital a partir de 2014: estaban Ernesto Valle Moreno, Fátima Villalta y José Medina, los que te mantienen Altanto; estaban Greta Cisne y Francisco A. Soza en nombre de Managua Furiosa, el sitio web cultural más popular; estaban Vanessa Martínez y Leslie Ramos, orgullosas de su DaleClic; y estaba yo, la bloguera llanera solitaria, el ejército de una mujer que dirige su propio blog sobre periodismo cultural independiente.

Al iniciar el conversatorio estábamos un poco confundidos. El ansiado público no llegó del todo; no teníamos nuestras respectivas copas de agua por si nos cansábamos de hablar; Rodrigo González, el director de Cultura UCA, no pudo acompañarnos por razones de fuerza mayor, y no teníamos la más mínima idea de a quién le tocaba moderar la mesa. Ernesto Valle pareció la persona más indicada por unanimidad de miradas, así que se hizo del micrófono para presentar la mesa y a cada uno de nosotros.

Aunque tratamos de parecer profesionales y aguantarnos al compañero de al lado, la verdad es que, en algunos momentos, al diablito de la controversia le gusta afilar su tridente en mi lengua: al escuchar asegurar a Fátima Villalta de que en Altanto hacen periodismo gonzo, no pude aguantarme las ganas de recordar quién fue el gran Hunter S. Thompson: un Doctor en periodismo iconoclasta, contracorriente y drogadicto. Y yo, una de sus más fieles pupilas por esas razones y muchas otras. Fátima me contestó un tanto áspera, de que no hay porqué seguir “un manual” para hacer periodismo, y a pesar de la blasfemia hacia el maestro, no pude dejar de darle la razón.

“Bueno, la próxima vez que quiera escribir un reportaje, me voy a meter un ácido”, dijo José Medina sarcástico. “Pues deberías, ¡es rico!”, repliqué burlona. Fue Ernesto el que nos llamó la atención y nos mandó a recuperar la compostura, recordando que se trataba de un conversatorio sobre cultura en la web, no un debate sobre la legalización de las drogas. Por ahí los Altanto anunciaron su antología, Morir soñando, para que le echen un ojo.

Volvimos al tema principal, y mientras Greta o Francisco volvían a hablar de los proyectos de Managua Furiosa y de su necesidad de financiamiento, yo platicaba con Leslie Ramos acerca de las posibilidades de colaborar con DaleClic. “Pero no tenemos dinero”, me dijo Vanessa haciendo puchero. “Eso no importa: yo tampoco”, le dije. Y así fue como amarramos, con público presente, una futura alianza que espero se cumpla. En ese instante noté que los comunicadores sociales que están saliendo o han salido de la UCA se están distinguiendo por su emprendedurismo.

Hubo un momento en que ya no soportaba las urgencias de ir a orinar, y fue precisamente cuando la poeta y periodista Carola Brantome nos felicitaba por nuestra iniciativa, nos instaba a que no hagamos caso a los adultos, a que sigamos nuestra estrella y nos extendía una invitación al Centro Cultural Guanuca en Matagalpa. Le aseguré gustosa que iría si me daban transporte, comida y dónde dormir antes de correr al baño.

Al regresar Ernesto le había concedido la palabra al público, y yo di como tres respuestas que no eran las adecuadas a una pregunta que no escuché, pero que de todos modos iban acorde al tema.

En algún punto dije que a veces elaboro mi agenda luego de consultar alguno de estos tres medios, a los que les doy activo seguimiento. Más que ponerse a comparar, fue agradable descubrir que nuestras diferencias son muros fuertes en los que bien nos podríamos apoyar los unos a los otros, y quien sabe si hasta podríamos inventar nuestro movimiento pro periodismo cultural digital, bien lejos de las limitaciones y el adultismo imperante en el periodismo tradicional.

“Yo hago esto porque quiero cambiar al mundo”, dijo Francisco A. Soza en un arranque de idealismo que nos conmovió a todos. Sonreímos contentos, pues a fin de cuentas es lo que sentimos los que tratamos de apoyar las expresiones artístico-culturales en la sociedad.

Seguimos dialogando con el público, la mayoría estudiantes de Comunicación Social de la UCA y miembros del equipo Cultura UCA. Ya cuando nos aburrimos de responder, le hicimos muecas a Ernesto para que diera por finalizado el conversatorio, nos despedimos alegremente con unos aplausos e hicimos anuncios de lo que estaba por venir en cada medio antes de dirigirnos al Bar El Panal a fortalecer vínculos laborales.

Bueno, quede pendiente de colaborarle a DaleClic y de continuar mi debate sobre periodismo gonzo con Fátima. Y, a todo esto, ¿cuándo nos volvemos a reunir? A Greta le entusiasmó la idea. Para la próxima hay que invitar a Nicaragua indie también.

Platicando con don Sergio Ramírez sobre Centroamérica Cuenta

El conversatorio ‘Lo que cuenta de Centroamérica Cuenta’ versó sobre lo ocurrido en el festival de narradores centroamericanos y la figura de Sergio Ramírez como escritor y gestor cultural.

* Por Solange E. Saballos

Afiche de: Festival de literatura UCA

Recibí un mensaje el 24 de mayo de Rodrigo González, director de Cultura UCA. Con tres meses de anticipación estaba coordinando a su equipo de entusiastas jóvenes estudiantes para preparar la IV Edición del Festival Literatura UCA. Entre las actividades del cronograma se le ocurrió incluir un conversatorio sobre Centroamérica Cuenta, con nada más y nada menos que Sergio Ramírez, uno de los escritores nicaragüenses contemporáneos más reconocidos actualmente y presidente del encuentro de narradores centroamericanos más grande del istmo. Y me preguntó a mí si quería participar.

“Obviooooo”, pensé. “Gracias Solange, no esperaba menos de vos”, me respondió Rodrigo después de darle mi respuesta afirmativa. Así comenzaron tres meses de habladurías, chismes superfluos y cobardes ataques hacia mi persona de parte de escritores, entre otras derivaciones, que andan más ocupados en odiar a las generaciones más jóvenes que en trabajar su estilo. Lo más gracioso  —y triste para ellos es que yo estaba bien consciente de sus intenciones, y más que mermar mi ánimo me divertía que se dedicaran a comentar. “Hablen bien, hablen mal, ¡pero que hablen!”, es uno de mis dichos predilectos. No, lo que me preocupaba era otra cosa: ¿Qué iba a preguntarle a don Sergio?

Pasaron las semanas y seguía sin saberlo. Recordaba mis notas sobre CAC, leí el material que me envió Rodrigo y hasta pensé en preparar un cuestionario. No lo hice, seguí en stand-by.

Preocupada, y a pocas semanas de empezar el festival, fui en busca de consejo a la oficina de Cultura UCA. Rodrigo se divirtió con mi preocupación, y me dijo que no tuviera miedo, que a Sergio Ramírez le gustaba “ser provocado”.

—¿Está seguro, don Rodrigo? Usted ya me conoce—dije, esperando escuchar el típico ‘mordete la lengua’. Pero no: Rodrigo quería que preguntara cosas, cosas importantes y fundamentadas en lo que observé durante todo el festival. Es más: hasta terminó por invitarme a otro conversatorio, al de ‘Jóvenes haciendo cultura en la web’, como para motivarme a hablar todavía más.

Ya con la licencia de quien había creído en mí para desempeñar tal misión, me relajé un poco. Se suponía que mi compañera de mesa sería Dánae Vilchez, periodista de Confidencial, quien terminó por declinar la invitación; después se nombró a Vanessa Martínez, una de las fundadoras de DaleClic, pero al parecer estaba demasiado atareada coordinando otras actividades durante esa misma semana. Se optó por llamar a José Adiak Montoya, escritor ganador del premio Carátula de este año. A pocos días del conversatorio, José Adiak me preguntó de qué iba el asunto. Le respondí que básicamente se trataba sobre preguntar cosas sobre Centroamérica Cuenta y hacer comentarios sobre lo acontecido durante la semana. “Él, como buen iniciado y participante de la última mesa del CAC sabrá cómo plantear esas cuestiones”, pensé.

Llegó el día: jueves 9 de agosto a las 9:00 a.m. y yo en la casa de la Ave Asán, con un poco de resaca y tomando café de la forma más relajada posible. Me llevé a la Ave conmigo, pasamos por mi casa a escoger algún atuendo estilo palmera y nos dirigimos a la Biblioteca José Coronel Urtecho.

Rodrigo González estaba preocupado, pues los estudiantes no terminaban de llegar y ya se hacía tarde. No veíamos a don Sergio por ninguna parte, sólo a algunos miembros de su séquito: a Ulises Juárez Polanco y al propio José Adiak. Con el pasar de los cuartos de hora y la iniciativa del equipo de Cultura UCA, los estudiantes comenzaron a ocupar las sillas. En esos momentos fue cuando llegó don Sergio, rodeado de gente, y yo sentí que mis manos heladas empezaron a sudar. La Ave me tomó de la mano y sonrió.

“¿Dónde está Solange?”, preguntó Rodrigo. “¡Aquí!”, dije nerviosa, y me bajé de la silla de la manera más torpe que los tacones me propiciaron a cometer. Noté que me sonreían y me calmé un poco. Saludé a Sergio Ramírez y a José Adiak.

Antes de dar inicio al conversatorio, Ulises Juárez Polanco dio algunas palabras sobre los integrantes de la mesa y de lo que es Centroamérica Cuenta. Mostró a la audiencia una recapitulación audiovisual de este año:

(Cuando miré mi cara, grabada fugazmente, sonreí como babosa).

Tocaba comenzar. Francamente, no podría precisar todo lo que se dijo. Fueron muchísimas cosas. Recuerdo haber tirado la pregunta picante de que si lo acontecido en la inauguración tenía relación con los sucesos del Festival Internacional de Poesía de Granada y con la censura y represión hacia los literatos; recuerdo que don Sergio respondía, con sus 73 años recién cumplidos y su larga experiencia, habilidosa, ágilmente. Le pregunté sobre algunas temáticas de este año, expresé mi amor por el eslogan que escogieron: Palabras en libertad, recalqué (con un notable abuso de muletillas a causa de los nervios) lo increíble que era el festival por juntar a los escritores centroamericanos con escritores de casi todo el mundo, me di permiso de hacer los comentarios que no pude hacer durante el festival e incité a los jóvenes, más bien a los adolescentes, casi niños, que estaban a la izquierda de la mesa a que no tuvieran miedo de participar y que se expresaran, que abrieran su mente y que sólo por estar nosotros sentados a la mesa no debían intimidarse. Ok, quizás me emocioné un poco: creo que sólo me faltó prenderle fuego a la mesa.

Imagen tomada de la página en FB de Sergio Ramírez

Imagen tomada de la página en FB de Sergio Ramírez

José Adiak, por el contrario, fue más tranquilo.Parece que es gran admirador de la obra de Sergio Ramírez, pues sus preguntas se dirigían a alabar su figura como escritor y gestor cultural. Casi llegando al final del conversatorio preguntó “¿Se imaginan Centroamérica Cuenta sin Sergio Ramírez”. Sergio dijo que nadie era indispensable y que su intención era que el festival continuara  fortaleciendo los lazos entre escritores centroamericanos y dando a conocer el istmo.

Las preguntas del público vinieron de voces jóvenes, preguntándole a Sergio Ramírez cómo vencer el miedo a escribir y demás cosas relacionadas al oficio de escribir, libros de papel vs. libros digitales, la supuesta “subliteratura”, etc… Fue bonito escuchar a don Sergio decir que a él también le daba miedo a veces, pero que eso no podía detener a un escritor, y que cada estilo es diferente, propio de cada autor y su contexto, que no debían compararse con otro, que hay que ser original… Aconsejandonos, a todos los que estábamos en la sala. Hubo un muchacho que se levantó, ansioso, para jurar haber venido desde Matagalpa sólo para poder conocerlo, y que su sueño era que leyera el borrador de su libro. “Sí que levanta ánimos este señor”, pensé, sonriendo, con un poco de pena ajena por la estupefacción silenciosa de todos los presentes.

Al terminar nos despedimos de la audiencia y entre nosotros. Aproveché para decirle a don Sergio que gracias por la plática y que “de todos modos usted bien sabe que me la debía. No me dejó opinar en el último conversatorio  de Centroamérica Cuenta”. Sergio Ramírez no me dijo nada: sólo me dio una palmadita en el hombro y se permitió una prolongada, paternal risa.

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Al día siguiente le pregunté a Rodrigo González  cómo había sido mi desempeño. “Muy bien, me gustó, hablaste casi tanto como Sergio”. Me sacó de onda. “Ideay, ¿y qué acaso eso no fue lo que me pidió?”, respondí vivamente. “Pues sí”, y se rió. Parece que, dejando dotes literarias aparte, tengo aptitudes para la comedia.

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