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Álvaro Urtecho: la poesía de un filósofo

Se dedicó un homenaje al poeta, ensayista y crítico pictórico nicaragüense Álvaro Urtecho a través de un conversatorio y la presentación de un libro de ensayos sobre su obra.

* Por Solange E. Saballos

En 2007 falleció Álvaro Urtecho. En aquel entonces mi padre era amigo del terrible Iván Uriarte, el de los bordes profundos, que ha hecho temblar en sus talleres a varias generaciones de jóvenes escritores con sus directas observaciones. Lo acompañó al entierro; don Iván se soltó en llanto y exclamó: “¡Álvaro, hermano, te fuiste antes!”.

Unos años más tarde, él y tres escritores más, amigos y conocedores de la obra de Urtecho, juntaron cuatro ensayos sobre sus escritos en un libro editado por Rodolfo Sánchez Árauz.

El conversatorio Presencia de Álvaro Urtecho fue realizada el 2 de junio en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra. Estuvo conformada por Rodolfo Sánchez Aráuz, Iván Uriarte, Erick Aguirre, grandes amigos del ya fallecido poeta, y por Dagoberto Avendaño Rivera, ensayista admirador de su obra. “La gran alegría de Álvaro habría sido ver a sus amigos juntos”, comentó Iván.

“Hemos decidido dar a este libro el título de Presencia de Álvaro Urtecho confirmando así la actualidad y la luz revolvente y creciente de su Poesía Reunida con el título de Tumba y residencia”, dice Sánchez Árauz en el prólogo de este libro, casi de bolsillo, impreso por iniciativa de los autores.

Durante el conversatorio, se usaron adjetivos como ‘romántico’, ‘sutil’, ‘existencial’ y ‘lírico’ para definir el carácter de los escritos de Urtecho. Rodolfo calificó la obra de Urtecho como una de “las expresiones líricas más puras de Nicaragua y Centroamérica”.

Álvaro Urtecho (1951-2007) nació en Rivas, Nicaragua. Estudió filosofía y letras en Nicaragua y Costa Rica. Estuvo al margen de la poesía predominante de los 70’s, pues no compartía el gusto por el exteriorismo, corriente literaria popularizada por Ernesto Cardenal.

En su ensayo, Uriarte compara a Urtecho con el escritor inglés Dylan Thomas, pues son “dos poéticas emparejadas con la muerte”. También comentó que ambos eran “bebedores fuertes, grandes recitadores y poetas líricos”.

“Han escrito poesía intrauterina, es decir, los dos se resisten a nacer”, agregó.

Álvaro Urtecho era amante de la radio e hizo muchos programas relacionados al periodismo cultural. Como es lo usual en Nicaragua, el trabajo en pro de la difusión cultural, por más indispensables que sea para el desarrollo del país, no es siempre reconocido con efectivo o pago alguno, por lo que le pagaban a Urtecho con canjes. Iván Uriarte recordó los almuerzos y tragos a los que su amigo le convidaba como honorarios de su trabajo.

Me sorprendió cómo se expresaba don Iván de Álvaro Urtecho: es bien conocido entre sus aprendices y admiradores que Iván Uriarte no entrega el halago fácilmente. Calificó a su amigo como “un magnífico ensayista, poeta auténtico y crítico pictórico” y lo situó próximo al poeta francés Charles Baudelaire.

Erick Aguirre agradeció la iniciativa de Sánchez Árauz: “Hay que dar las gracias a Rodolfo Sánchez Árauz quien nos invitó a congregarnos alrededor de este libro”. En su ensayo, Aguirre asegura que Urtecho “no pertenece a la corriente poética nicaragüense objetivista, coloquialista llamada exteriorismo. Más bien pertenece a la contracorriente”.

Los amigos recordaron varios aspectos de la personalidad y trayectoria de Urtecho: su amabilidad, su rivalidad con Juan Chow, sus gustos por el rock psicodélico y progresivo (Iván comentó que escuchaba a Pink Floyd y King Crimson). Aunque los jóvenes de sus tiempos calificaron su trabajo de “melodramático y a la antigua”, la investigación hecha por Dagoberto y que se manifiesta en el ensayo Álvaro Urtecho o la Tumba y la Palabra revela datos sobre el legado estético del romanticismo de Urtecho y su repercusión en los jóvenes intelectuales.

Durante el conversatorio había comentarios por parte de los amigos presentes en el público e incluso un par de personas recitaron sus poemas.

“Tras casi un año de investigación, intento descifrar los puntos más sobresalientes de su vida”. Dagoberto habló sobre el contraste absoluto de su poesía, romántica y sutil, con lo que predominaba en la época que le tocó vivir. Dijo que Urtecho “escarbaba morbosamente sobre sí mismo”, de que la niñez era su paraíso recobrado y que todo contacto con la mujer era para él como un “volver a la madre”. Dijo que la crítica social se encuentra “muy encriptada” en sus versos.

Aunque hubiese sido mejor que el video de Álvaro Urtecho recitando sus poemas fuese lo primero antes del conversatorio, que los ensayistas comentaran más que leyeran, y que los comentarios en contra de los jóvenes y aún poco reconocidos nuevos autores de parte de Dagoberto fueron sobras de mal gusto —es bien fácil crecerse cuando se preside una mesa y además se es el más chavalo— el evento transcurrió amenamente entre recuerdos del buen amigo y poeta que fue Álvaro Urtecho.

“Es la poesía de un filósofo”, enfatizó Uriarte.

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