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Hablan los sonidos, suenan las palabras: una entrevista a Roberto Carlos Pérez

Una entrevista a profundidad al músico y escritor nicaragüense Roberto Carlos Pérez.

* Por Ana Verónica Sánchez Narváez (*)

Fotos de: Archivo de Roberto Carlos

Cierto día, a principios de 2013, recuerdo que un muy querido amigo mío, Tomás Arce, un amigo muy querido, quien actualmente dirige Cierto Güis Producciones, me invitó a tomar un café cerca de la UCA. Hablamos de muchos temas, en especial sobre literatura y música, para variar jajajajaja. Pero hubo cierto detalle especial de la reunión: habían  seleccionado un cuento de Tomás para ser publicado en la antología Flores de la Trinchera. ¡Sentí tanto orgullo por él!

Esta antología, la primera publicación del Fondo Editorial Soma, reúne relatos de 13 narradores nicaragüenses, tango emergentes como reconocidos, acompañados de grabados y dibujos de Carlos Barberena.  Tomás, con su característica discreción, me obsequió un ejemplar con una dedicatoria especial para mí.

Corrí a casa y devoré con desesperación, primeramente, el cuento de Tomás. Estaba que reventaba de alegría por el logro de mi colega filólogo, porque sé que es una gran mente de la juventud. Al terminar, recorrí el índice en búsqueda de la próxima historia.  Cierto título me pareció muy familiar y abrí el libro en la… Página uno, página dos, página tres… En mi cabeza el lei motiv  reproducía, como lo haría toda una orquesta, unos “si, la si do si la si do si…”.

Mi corazón, que palpitaba en tres cuartos, no podía creer encontrarse con un escritor que fuese capaz de apropiarse de la melodía y de la vida de  unos de los compositores más grandes de la Nicaragua de principios de siglo XX, y que me hiciera encarnar el dolor que este músico sufrió en su camino a la muerte a causa de la lepra.

Se trataba del cuento Ruinas, de un granadino llamado Roberto Carlos Pérez que a su vez trataba del vals homónimo más famoso del compositor José de la Cruz Mena, nuestro divino leproso que dejó la vida con el corazón en la mano y con una infinidad de música que se llevó a la tumba porque la muerte fue mucho más cruel con él que con Mozart o Schubert, dos compositores que abandonaron la tierra en la plenitud de la vida.

Gracias a Víctor Ruiz, poeta y profesor de literatura de la UNAN- Managua (la Palmera y yo le tenemos gran estima), Roberto Carlos presenció los últimos minutos de mi presentación con Merlot y Duende un miércoles en el Café Concert El Panal y ahí nos presentaron. Ahí fue cuando me surgió la idea de entrevistarlo y meses después, él ya estando de vuelta en Estados Unidos, logramos pactar una entrevista virtual. Espero disfruten conocer a Roberto Carlos Pérez a través de estas interrogantes que sé que no resumen lo que él es.

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¿Cuándo y dónde naciste? 

Nací en Granada, en el incómodo año de 1976, justo cuando se gestaba uno de los peores baños de sangre en los historia del país.

¿A qué edad tuviste que dejar Nicaragua y por qué?

Es indudable que para todos los que estamos vivos la fecha más importante es la del nacimiento. En mi caso, la segunda más importante es aquella tarde de domingo de 1988 en que tuve que salir de mi país debido a la absurda guerra civil que ya había cobrado las vidas de cuarenta mil jóvenes.  

¿A qué edad aconteció tu primer contacto con la música y tu primer contacto con la literatura?

Nací músico, por lo que me es difícil ofrecer una fecha, pues en mi familia la música siempre fue parte de la cotidianeidad. En cuanto a la literatura, mi padre ha sido un ávido lector, de modo que entrar en el mundo de la lectura, mucho más divertido que el de la escritura, se dio de manera natural. Sin ánimo de compararme y haciendo un recorrido mental por los años que le he dedicado a la literatura, puedo verme reflejado en unos versos de Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito;/ a mí me enorgullecen las que he leído».

¿Por qué escogiste la trompeta como instrumento?

Comencé tocando el piano, extraordinario instrumento que tuve que abandonar debido a que mis padres no tenían dinero para comprarme un piano de cola. Recién habíamos llegado a los Estados Unidos y la vida de inmigrantes que nos tocó vivir no fue nada fácil. Sin embargo, a los doce años llegó la trompeta a mi vida y fue amor a primera vista, pues muy pronto descubrí que es un instrumento intensamente lírico y ya nunca lo abandoné.

¿Cuál es el género literario que más cultivás y por qué? 

Escribo narrativa y ensayos. La narrativa me da la oportunidad de moldear mundos y personajes, mientras que el ensayo resulta la mejor manera de aprender. En un ensayo quien se lleva la mejor parte no es el lector sino quien lo escribe.

He recordado lo que leíste sobre San Francisco de Asís y el lobo la otra vez en esa aula del la UNAN Managua, la última vez que creo que te vi, frente a los alumnos de Filología y Comunicación. Tomando en cuenta varias de tus publicaciones sobre Rubén Darío, intuyo que él es tu mayor influencia en cuanto a la literatura nicaragüense. ¿Qué es lo más relevante que has encontrado en Rubén Darío?

Rubén Darío sigue tanto o más vigente que en su época. Esa necesidad de poner el español a la par de la realidad de los tiempos la seguimos viendo ahora sin poder hacer mucho. Para Darío no era lo mismo describir la luna sentado sobre la hierba que hacerlo sobre un locomotora de vapor a cincuenta kilómetros por hora. Ya en el siglo XXI y en comparación con el inglés, el español resulta ineficiente cuando lo enfrentamos a la era electrónica, lo cual nos hace recurrir al horror del Spanglish. El problema es que, a diferencia de los modernistas que sí vieron la necesidad de agilizar nuestro idioma y darle nuevos aires, los escritores de este temido siglo desconocemos los avatares que ha sufrido nuestra lengua para mantenerse de pie, ya que las humanidades están pasando por su peor crisis. Bastaría leer a conciencia una crónica de Darío  para darnos cuenta de lo mucho que el idioma ha perdido.

¿Qué estudios has alcanzado tanto en la música como en la literatura?

Estudié música en la escuela de bellas artes Duke Ellington School of the Performing Arts y me licencié en música clásica por Howard University. Actualmente curso estudios graduados en literatura española medieval y de los Siglos de Oro en la Universidad de Maryland.

¿Podrías describir tu labor como docente de Historia de la Música y Armonía en The European Academy of Music and Art?

Enseño historia y armonía de la música, y puedo decir que he descubierto otra pasión más al enseñarle a mis alumnos cómo situar a un compositor y a una pieza en un determinado momento de la historia para entenderla mejor y ejecutarla a como debe ser.

¿Adónde pueden leerse tus obras?

Mis ensayos generalmente se publican en tres revistas: Carátula, El hilo azul y eHumanista. En cuanto a mis cuentos, pronto saldrá una tercera edición de Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Ese es todo un acontecimiento, pues cuando escribí ese libro pensé que no lo leerían más de tres personas. Y aquí me tienes, hablando de una tercera edición en una época en que leer no es lo más común

¿Has planeado volver a vivir en Nicaragua? Si no, ¿cuáles serían tus razones para no habitar en tu país de procedencia?

Regresar a vivir a Nicaragua ha sido mi sueño desde que salí. Sin embargo, todo se vino abajo en el momento en que el binomio presidencial que ahora tiene controlado el país llegó de nuevo al poder. Salimos huyendo de una guerra y de una dictadura disfrazada de democracia en los años ochenta. Después de haber probado la libertad me es muy difícil vivir en un país que no aprendió la lección y, sobre todo, que no hace nada por sacudirse la modorra en la que la pareja presidencial lo tiene sumido.

¿Qué definición tenés vos de tu ser artístico?

No tengo ninguna definición excepto la de hacer las cosas bien. La música me enseñó a tener una disciplina de soldado, mientras que la literatura me ha adiestrado a golpe y porrazo a hacerme de mucha paciencia. No salgo de mi pequeño estudio hasta que la nota no esté bien o hasta que al menos una oración no esté bien construida. Escribo y practico la trompeta todos los días pues cada pieza o cada texto es un reto diferente.  

 ¿Qué mensaje podrías dejar a las nuevas generaciones de músicos y de escritores en Nicaragua?

Me pones en aprietos, pues carezco de autoridad para dar consejos. Lo único que puedo decirles es que escriban y practiquen su instrumento todos los días, haciéndose del absoluto criterio de que somos parte de una cadena de grandes músicos y escritores de los cuales podemos aprender siempre algo.

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(*) Ana Verónica Sánchez Narváez (Managua, 1992) también conocida como Ave Asán. Violinista y cantante lírico. Es egresada de la carrera de Filología y Comunicación de la UNAN-Managua. 

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Composiciones de Bach en convenio

La orquesta de cámara de la UPOLI realizó concierto de piezas de Bach con Sasha Ferreira, Doctor en violín, como invitado especial.

Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

Semanas antes del concierto, los alumnos y colegas del maestro Gabriel Hernández García andaban alborotados: se había anunciado que para su próximo concierto interpretarían piezas del compositor alemán Johann Sebastian Bach en Managua, León y Masaya acompañados por un invitado muy especial: el Doctor en violín Sasha Ferreira paisano del, también violinista, maestro Hernández.

Sasha Ferreira fue instruido primeramente por su padre, Alejandro Ferreira, en La Habana. Ganó varias veces el premio Amadeo Roldán en la categoría regional y nacional en Cuba. Después se fue a estudiar al Conservatorio Nacional de Música en Lima, Perú donde se graduó y en donde impartió clases por varios años. Ha grabado CDs como solista y realizado varias giras como miembro de orquesta. Obtuvo su grado de Doctor en violín y viola en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Actualmente es parte de la Facultad de Winter School District en Gulfport, Mississipi, Estados Unidos.

El concierto de música clásica, con Sasha Ferreira como invitado especial, fue realizado por la Orquesta de cámara del Conservatorio de música de la UPOLI el lunes 27 de julio en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

Al iniciar el concierto, Sasha tocó a dúo con el maestro Gabriel Hernández el concierto en re menor para dos violines; luego fue dirigido, siendo acompañado por la Orquesta de cámara, por el maestro Hernández, cuyos ademanes vigorosos y precisos al dirigir imprimían fuerza escénica a las melodías ejecutadas; finalmente, Sasha Ferreira interpretó la Chaconne, una pieza de violín bien conocida entre los estudiosos del instrumento.


Fue una presentación exitosa, a sala llena, que emocionó tanto a los músicos como al respetable público por igual.

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Garcín y sus agregados en concierto

Ese miércoles de concierto, el Bar El Panal contó con tres presentaciones de bandas previas al concierto de Garcín y con otros artistas invitados.

* Por Solange E. Saballos

Era una noche de los acostumbrados miércoles de concierto del Bar El Panal, ese reconocido bar artístico-cultural que por más de 23 años ha acogido a la bohemia capitalina y sus agregados culturales. Apenas caía la tarde y ya estaban ocupadas muchas de las mesas; al llegar la noche estaban ocupadas todas.

Llegué con la esperanza de encontrarme con mi Merlot y su Duende, pero mis estimados músicos se hacían notar por su tardanza, así que entré al bar esperando encontrarme a alguien conocido. Justo en la mitad del bar, estaban sentados el poeta Carlos Grigsby y el artista visual Alejandro de la Guerra tomándose unos litros. Los saludé y me senté con ellos. Unos minutos más pasaron antes de que Leo y la Ave se presentaran repentinamente, y con una sorpresa: el primer disco de Merlot y Duende en sus manos.

“¿Sabés lo que me dijo Leo después de la primera vez que lo escuchamos?”, me dijo la Ave, conteniendo la risa. No me resultó sorpresiva su respuesta: “Volvamóslo a grabar”, y se tiró una larga carcajada. A su lado, Leo estaba saludando a sus colegas músicos. Tenía su guitarra a la espalda y una sonrisa amable y burlesca.

Contemplé al fondo del bar, lleno a más no poder: era una mescolanza de artistas y público. Varios músicos habían llegado para abrirle el concierto a Garcín, una de las bandas nacionales que más ha pegado en años recientes y la principal razón por la que El Panal se encontraba desbordado, con sus mesas sitiadas por botellas y más botellas de alcohol.

“¡Flaca loca, hacía tiempo que no te veía!”, me saludó Samuel con un gran abrazo, mi amigo y percusionista de Eco latino, la primera banda en tocar esa noche. Estaban Arnold Salgado en el bajo; Marvin Vallecillo en el teclado; Samuel Elías en la percusión, y Móises Gámez en la guitarra y como voz principal. La Ave y yo estábamos impactadas de la evolución que han tenido, sobre todo porque ahora tocan sus propias composiciones y por la hermosa, potente y melodiosa voz de su vocal. Similar opinión tuvimos sobre la ejecución de los instrumentos.

Eco latino

Eco latino

Después que terminaron de tocar, en el bar irrumpieron unos jóvenes músicos que eran una mezcla de miembros de las bandas emergentes Nadsat, The Camels, Ple, Blunted memories y un batero que aún no tiene banda. “Buenas noches, nosotros somos los Casablanqueños”, dijeron, quizás haciendo alusión a la película Casablanca (1942). Eran Juberth Flores en el bajo; Jamil Zeledón en el teclado; Carlos Zeledón en la guitarra, y Daniel Osorno en la batería.

Casablanqueños

Casablanqueños

Luego vinieron mis mimados: los Merlot & Duende, unos pájaros exóticos recientemente liberados en la escena musical y con una propuesta ‘flamenco fusión’. Estaban Leo Canales en la guitarra flamenca y la Ave Asán como vocal.

Merlot y Duende

Merlot y Duende

Finalmente, cargados con las buenas vibras de sus amigos músicos, le tocó el turno a los chavalos de la noche: Garcín. Estuvieron Mario Ruiz en la guitarra acústica y voz principal; Milton Castrillo en la guitarra eléctrica; Andrés Centeno en el bajo; David Keagan en la batería y Oskar Acevedo en la percusión. Durante su concierto contaron con los poemas de los Amigos de Monet y con cuentos de Dorling López. Recuerdo momentos abrazada con la Ave, cantando con todo el público: “Hoy podría ser ese día que no te cueste sacar el corazón del caparazóoooon…”

La noche rebasó las expectativas gracias al apoyo e intervención de los artistas amigos de Garcín, de los propios garcínes y del respetable público, emocionado con la música y embriagado de alegría. ¡Salud!

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La mesa de Eco latino

Batahola Norte en estreno

El Centro Cultural Batahola Norte celebró en grande la inauguración de sus nuevos espacios.

* Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

Batahola y yo tenemos una historia de años: ahí empezó a estudiar música Ave Asán, mi mejor amiga; de ahí son dos de los Maní con chile, otros grandes amigos; y ahí está uno de los centros culturales con mayor compromiso social en la formación de nuevos artistas. También ofertan cursos varios de cocina, mecanografiado, entre otros.

Me gusta contar que mi carrera periodística comenzó después de ver Miedo y asco en Las Vegas y enamorarme de la interpretación de Johnny Depp como Raoul Duke, el alterego literario de Hunter S. Thompson, que con su periodismo gonzo y su atrevimiento conquistó mi corazón; pero en realidad comenzó mucho antes, en el Centro Cultural Batahola Norte. Me explico: Ave Asán, que a estas alturas todos mis lectores y allegados ya deben saber, es mi mejor amiga. Nos conocimos a la edad que Harry Potter se fue a Hogwarts. a los once años, en el colegio.

La Ave llevaba apenas un añito con su violín, y yo acababa de escribir mi primer poema. Mutuamente sorprendidas de encontrarnos, pues ambas nos interesabamos profundamente por el arte, nos volvimos amigas. Pasaron los años, y la Ave me empezó a invitar a sus presentaciones en Batahola. Yo llegaba fielmente, y no dejaba de sorprenderme que los medios de comunicación no le brindaran la cobertura que se merecían a los artistas. A lo sumo salen los anuncios de presentaciones, algun video de una que otra presentación y breves entrevistas que no ahondan en los motivos del artista para dedicarse a su oficio. Todavía menos se habla de la trayectoria de los centros culturales.

Más años pasaron, y el pasado 5 de junio me encontraba, cámara en mano y por invitación de Tania Molina, su promotora cultural, cubriendo la inauguración de los nuevos espacios del Centro Cultural Batahola Norte. Varios días antes los bataholos andaban anunciando a voz en cuello y por todos lados que estaban estrenando oficinas y un nuevo salón de danza. La Ave, antaño alumna y hoy profesora, estuvo al frente para cortar el lazito azul.

Estuvo alegrísimo: estaba lleno a más no poder, hubo presentaciones de todo tipo, los niños correteaban entre las bancas, había artistas invitados —como la Biblioteca Comunitaria La Casita del Árbol  de Tipitapa—… Los bataholos, orgullosos anfitriones, se lucieron. Por acá un breve registro de esa noche:

Nunca conocí la citada etapa en que el fundador, el padre Ángel Torrellas, estuvo vivo ni sé cómo fue su gestión, pero estoy segura de que se alegraría de ver la prosperidad del centro y de cómo su voluntad de educar ha iniciado a muchos artistas. Batahola Norte, un barrio que ostenta en su estación de bus un busto de Rubén Darío, con su respectivo rótulo solicitando respeto, ha sabido ganarse y mantener su lugar.

Un Duende que bebe Merlot

Merlot y Duende es el nuevo proyecto musical de la violinista y cantante lírico, Ave Asán, y del guitarrista Leonardo Canales.

Por Solange E. Saballos

Fotos por: María Guerra y Palmereando

La Ave y yo conocíamos a Leo desde hacia bastante tiempo: fue nada más y nada menos que uno de los muchos administradores que tuvo el Art café. En 2012, cuando Leo y Daniel lo administraban, íbamos frecuentemente.

Foto por María Guerra

Foto por: María Guerra

Yo sabía que Leo tenía una banda llamada Oleo Calé, y que tocaba flamenco. Muchos de los que lo habían visto en concierto, incluyendo a la Ave, se admiraban de cómo sus manos de gorrión se deslizaban, hábiles y suaves, sobre las cuerdas de la guitarra, acariciándolas y pellizcándolas con sutileza.

Creo románticamente que al destino le gusta empujar por varios senderos a los artistas, para que al llegar a conocerse entre sí, fecundados por su amor al arte, creen juntos cosas maravillosas, capaces de expresar con belleza los sentimientos que nos aturden.

Foto por: María Guerra

Foto por: María Guerra

Primero fue con Móises, y ahora también con Leo. Ave y Leo empezaron a verse frecuentemente, a hablar de composiciones, notas y gajes del oficio musical. Se unieron escénicamente por primera vez en un concierto de Avelqech  en Cronopios y Pastas.

Poco a poco, se les fue ocurriendo continuar con la idea de unir su gusto por Federico García Lorca, la música española y sus características particulares como músicos. Invitaron a Gabriel Rayo para hacer la percusión, y en abril de 2015 formaron Merlot y Duende.

¿Por qué se llaman Merlot y Duende? Bueno, Merlot es la marca de la cajita de vino que a Leo le gusta tomar cuando no anda ganas de cerveza, y también sirve como alusión del etilismo de sus integrantes; y es Duende porque Federico García Lorca consideraba que esa era la representación del arte. En su ensayo Juego y Teoría del Duende, Lorca define al Duende, junto a las musas y los ángeles, como una de las tres encarnaciones de la inspiración artística y la creatividad humana.

Merlot y Duende “tiene como matiz principal la exploración y ejecución de piezas de música étnica y el collage que se puede realizar a partir de las diferentes escuelas, ritmos e influencias de cada uno de los integrantes”, cuentan en su carta de presentación.

Ahora bien, analicemos un momento la fusión de estilos que tenemos acá: son músicos latinos haciendo tributo a las raíces españolas e integrando las inclinaciones y técnicas musicales de cada uno. Tenemos a la Ave, una violinista y cantante lírico; a Leonardo, un rockero gitano, con la guitarra y haciendo los coros; y a Gabriel Rayo, con la percusión latina del cajón peruano.

De vez en cuando, los Merlot y Duende cuentan con el apoyo de la compañía de danza flamenco Vida flamenco, dirigida por la bailarina Karla Rivas. Estas bailarinas crean coreografías a ciertas piezas que tocan los Merlot y Duende, tales como soleares, tientos, sevillanas, granaínas, pasodoble, tarantas, malagueñas y otros palos derivados del flamenco.

Para el Día de las Madres estuvieron de concierto en Basil Lounge, y tuve el placer de conocer a dos de las bailarinas de esta compañía: a Karla Rivas, la directora, y a Fannelly Coca, una de sus bailarinas. La pobre Fannelly estaba algo enferma, pero eso no le impidió ir a bailar. Ella y Karla se turnaban para bailar las composiciones, pues el escenario era algo pequeño, dotando con desbordante pasión sus pasos. El vestuario que usan es una belleza: este es elaborado por la propia Karla.

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Estos músicos me tienen envuelta en una fantasía flamenca, de panderetas y castañuelas. Me están haciendo recordar mi pasión por la poesía de García Lorca, a quien tanto adoro también. Creo que me estoy acostumbrando al estilo gitano en la que me están involucrando.

Hace poco, no comprendía la afición de Leo por el flamenco. Me resultaba un género musical extraño, que había escuchado poco. Hasta que un día, Leo me hizo ver una película sobre la vida de uno de sus héroes personales: Camarón.

Como los Merlot y Duende son músicos extremadamente sociales y solidarios con su escenario, tienen muchos amigos artistas a quienes les gusta invitar a compartir en sus presentaciones, como a la narradora oral escénica Dorling López, narrando cuentos, o a mi persona, recitando poemas. Así fue como transcurrió una de las últimas presentaciones de Merlot y Duende, que fue el jueves 28 de mayo en La Otra Embajada.

Foto por: María Guerra

Foto por: María Guerra

Los Merlot y Duende cuentan con un repertorio de composiciones propias y también tocan piezas de Paco de Lucía, Sábicas, Manolo Sanlúcar, Francisco Tárrega, Isaac Albeniz y Ernesto Lecuona.

“Ala, no he ido a sus conciertos y me muero por escuchar a esta banda”, se dirán mis lectores. No se preocupen, los Merlot y Duende están grabando su material, al que llamarán Aquila, próximamente disponible y a anunciar por este medio.

En Aquila los muchachos van a dar a conocer su sonido característico, tanto en estudio como en vivo, y presentarán una mezcla de ritmos que nos va a dejar con ganas de fijar la vista —y el oído— en la riqueza de esta propuesta musical, que evoca con sus fusiones a nuestro mestizaje.

Merlot y Duende en Facebook

Música clásica a la conquista de nuevos espacios

La orquesta del Conservatorio de la UPOLI y el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra celebran su convenio de mutuo apoyo con un concierto de música clásica.

* Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

“Esta presentación es una cooperacion en conjunto entre el Conservatorio de la UPOLI y el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra”, dijo Víctor Rodríguez Oquel, director del Centro Cultural PAC antes de dar inicio al Concierto de Música Clásica.

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La Orquesta de Cámara del Conservatorio de Música la Universidad Politécnica (Upoli) se presentó este jueves 30 de abril en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

Esta orquesta cuenta con diecisiete miembros quienes son profesores y alumnos destacados en sus respectivas especializaciones instrumentales. Se compone de cinco violines primeros (Everth Aguilar, César Zuriel Bermúdez, Pablo Buitrago Jr, Ana Verónica Sánchez y Kevin Rodríguez), cuatro violines segundos (Mayra Velásquez, César Zepeda, Sara Gónzalez y Róger Orozco), dos violas (Aaron Chévez y Julio Medina), dos cellos (Gabriela Barrosco y Hernaldo Cruz Cardoza), un contrabajo (Jairo Araica), una flauta (Raúl Martínez) y un clarinete (Norlan Santana) bajo la dirección el maestro Gabriel Hernández García.

“La mayoría de nosotros somos alumnos del profesor Gabriel”, dijo Ana Verónica Sánchez, fiel pupila del exigente y dedicado maestro.

El programa estuvo compuesto por grandes obras de tres compositores del periodo neoclásico del siglo XX: Arias y danzas antiguas, de Ottorino Respighi; Serenata para cuerdas de Dag Ivar Wiren; y Concierto Grosso para orquestas de cuerda y piano, de Ernest Bloch. Fue una novedad en Nicaragua la presentación de las dos últimas obras, pues no habían sido tocadas en el país. Para interpretar las piezas de Ernest Bloch contaron con la pianista y cantante lírico Valeska Lobo, quien había ejecutado previamente dos de estos movimientos hace pocas semanas, en su graduación de piano.

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Ana Verónica comentó que estas tres obras son “un repertorio fundamental en cualquier orquesta de cuerdas del mundo y son un gran reto técnico que ha llevado a la orquesta de la UPOLI, junto a la ejecución de otras grandes obras en años anteriores, a crecer en nivel musical y mejorar no sólo el nivel de esta escuela, sino también el nivel de la música académica nacionalmente”.

La sala del centro PAC estaba llenísima y los asistentes, silenciosos y atentos, parecían dudar antes de aplaudir, quizás por temor a interrumpir a los músicos. Al concluir el concierto, María Caridad Rosado dijo, embargada por la emoción: “Esta obra magistral lleva mucho tiempo y muchas horas de estudio. Es un honor para nosotros tocar frente a un público tan respetuoso”.

Y fue un honor para nosotros, el esperado público, apreciar estas composiciones desde las ágiles manos de músicos nacionales.

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