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“El Panal es un año mayor que yo”: Gabriel Rayo, un multifacético percusionista

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Gabriel Rayo, en un momento de éxtasis sublime.

Gabriel Rayo, de 25 años, es un joven músico cuya trayectoria artística ha estado ligada desde sus inicios a El Panal, negocio que sus padres montaron hace 26 años.

*Por Solange Saballos
Fotografia por Danilo Castañeda

Es pasado medio día en El Panal. Alrededor de mi mesa hay muchos comensales disfrutando de comer juntos; la música suena a un volumen alto, pero moderado, y yo espero a uno de los tantos artistas que he entrevistado en este bar.

Mientras espero y Danilo prepara su cámara, reposo mi vista en las maceteras que cuelgan de la pared de al lado, cuyo verdor llena de frescura la estancia, dando un toque del bosque tropical seco al local. La bohemia asidua de los alrededores de la famosa parada de la Universidad Centroamericana ha encontrado su hogar en este bar, el cual les ha tenido las puertas abiertas desde hace 26 años.

Este negocio familiar ha encontrado un digno relevo en un muchacho de figura robusto y semblante serio que llega a nuestra mesa. Le ofrezco un vaso de cerveza, pero lo rechaza, aduciendo que no toma mientras trabaja.

Cuando Gabriel Rayo no está atendiendo, de mesa en mesa, comiendo su almuerzo, recibiendo clases en la Universidad Nacional de Ingeniería, preparándose para su examen de cinta negra en Karate, o colaborando en la diaria faena de colaborar en el negocio familiar, se dedica a ensayar con un grupo de músicos: cada palmada que da a las congas se acompasa con los latidos de su corazón.

  • Primeras influencias: el rock, MTV y Los 10 más pedidos

Cuando era adolescente, Gabriel, como muchos nacidos en la última década del siglo XX, encendía la tele y sintonizaba MTv (cuando aún valía la pena), y se entretenía con el programa más popular del canal: “oía más punk rock, escuchaba las bandas del programa Top10 de Gabo Ramos. Así fue como empecé a entrar en la música. También me gustaba la música más instrumental y clásica. Hubo un tiempo en que escuché reggaetón y rap”.

A pesar de su interés, Gabriel aún se encontraba indeciso. Su hermano tocaba piano y cantaba, pero él aún no se decidía por un instrumento. Como le gustaba mucho el rock se decidió por la batería. Pero su mamá no sabía a qué profesor encomendarlo, y no estaba del todo de acuerdo.  Después de un mes de rogarle, le ofreció una opción: “Al que conozco que te puede dar clases es a Chepe Conga”.

­ Pero a mí lo que me gusta es el rock.

­ Ah no, esto es lo que te ofrezco. Tomálo o dejálo. Después te pasás al rock.

-Déeeeleee pueees.

“Mira Chepe, si este chavalo no soca, no sirve, desengañalo. Decile que no, para que no perdamos tiempo”, le advirtió doña Marjorie al músico. Afortunadamente, la intuición de Gabriel no se había equivocado, y pudo mantener la entereza mientras daba sus primeras palmadas al compás del maestro. “No me di cuenta cuando ya estaba enamorado de la percusión” declara.

Rayo cita a músicos como Poncho Sánchez, Giovanni Idalgo y Ray Barreto: “siempre los clásicos, uno parte de los cimientos antes de incursionar en nuevas tierras y horizonte. Los grandes artistas de la Fania, han influido en mí como no tenés idea porque crecí escuchando esas canciones”.

“También escuchaba trova, a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú distintos trovadores que actualmente me han ayudado a madurar mi sonido”.

Asimismo, Gabriel aprecia el aporte que las mujeres músicas han tenido en su formación: “Tania Libertad fue una de las primeras cantautoras que influyó en mí. El punto de partida para conocer la percusión peruana: Eva Lión, Susana Baca y más artistas suramericanas como Mercedes Soza. Carolina Cohen es argentina y conoce mucho de ritmos suramericanos en general. Canta, compone, toca batería y percusión. Es increíble, eso me motiva a seguirle dando”.

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Gabriel Rayo empuñando las baquetas

  • Las cualidades de un buen percusionista

Gabriel empezó a investigar sobre distintos ritmos y géneros musicales tales como los latinos, orientales, africanos y muchos otros más. Un descubrimiento que lo impactó fue darse cuenta que casi en todos los pueblos existe un tambor. “Me di cuenta que era un mundo fascinante en el que tenía muchísimo por estudiar y aprender”.

Gabriel posee dos cosas esenciales: la pasión y la curiosidad suficiente para investigar. Mientras hacía gala de sus conocimientos, le pregunté cuáles eran las cualidades necesarias a las que debía aspirar un percusionista.

Primero mencionó la humildad ante todo. Después vino la parte difícil: la disciplina, en la que acepta flaquear a veces, pues de repente se ve absorbido por sus demás actividades y no practica, pero no deja de saberlo necesario, y nunca deja de hacerle falta. La perseverancia aparece como la tercera en ser enumerada, pues Gabriel está consciente de que siempre hay algo nuevo que aprender.

Después de recalcar la importancia de los valores, Gabriel se pone técnico. Comienza a explicar que es necesario “saber poner el tiempo, y a la vez dejarte llevar por la melodía, por la armonía y los demás instrumentos”. Me suena difícil encontrar el equilibrio, suena parecido a degustar un pedacito de chocolate sin intentar devorar la barra de un bocado. Dosificar la intensidad de su compás sin sucumbir ante la tentación de ser la estrella no es tarea fácil.

Por esta razón, comunicarse bien con los otros músicos es otra de las claves que nos descubre. “Nunca tocar de manera pretenciosa ni impetuosa porque, ¿de qué sirve meter 20 floreos, adornos tras adornos en cada compás de la canción, si lo que hiciste fue ensuciar la canción y no llevaste una buena base, o bien te perdiste? Por cada improvisación te podés perder. Eso es un peligro latente”.

“En esto de la percusión lo más importante es conocer los patrones: seguir un patrón rítmico, saber explotarlo y meterle tu propia firma”, aconseja.

Como un estudiante que ha logrado encontrar a un ser lo suficientemente generoso como para compartir, y lo suficientemente genial como para alcanzar la sabiduría, y que además consigue seguir los pasos para alcanzar sus propios objetivos, Gabriel no vacila cuando enumera a las personas que han marcado un antes y después en su formación artística.

  • La alegría de crecer entre artistas

Los músicos que llegaban a tocar al bar de sus padres facilitó enormemente el aprendizaje de Gabriel, en particular su maestro, Chepe Conga. Muy agradecido, Gabriel cita a otros músicos como “Milton Guillén, uno de los primeros en darme la oportunidad de tocar en un grupo musical. Me decía: ‘Gabito, vení metete, vení toca’”. Menciona también a Richard Loza, Eduardo Araica, la banda Stacatto y Mario Montenegro.

“Hemos crecido con la gran familia de El Panal rodeados de músicos. Los panaleros de siempre han influido de manera increíble en mí, pues crecimos rodeados de músicos como Milton, Chepe, Fernando, Julio Medina, Julio Vásquez, Miguel Ángel Oviedo, Arnulfo Oviedo, Memo el flaco… Y así un sinnúmero de músicos que están en el panteón o aún nos acompañan. Siempre que he necesitado apoyo con todo gusto me han ayudado” señala.

Gabriel también destaca la influencia del saxofonista Fernando Escorcia, quien desempeñaba como profesor de música en la UNI: “Otra persona que siempre influyó porque me dio espacio para desempeñarme aquí cerca, en la Universidad Nacional de Ingeniería, fue Fernando Escorcia. Él me llevo a La Estudiantina de la Extensión Cultural de la UNI, en donde varios chavalos se reúnen a ensayar canciones para los eventos culturales de la UNI”. Posteriormente Escorcia lo integró al grupo Bosawás, grupo que cuenta con jóvenes músicos que ya tienen un mayor nivel interpretativo: “Tuvimos la oportunidad de representar dos veces a Nicaragua en El Salvador y Honduras durante el FICCUA. Ojalá salga otra oportunidad así más adelante”.

Pero Gabriel no solo se ha dedicado a la música: también ha incursionado en las obras de teatro de la mano del profesor, actor y director Nabucodonosor Ganímedes Morales: “Casi desde que estoy involucrado con la extensión cultural de la UNI he trabajado de manera indirecta o directa con el profesor de teatro Nabucodonosor. Desde hace unos cuatro años trabajamos de manera más cercana montando espectáculos multidisciplinarios”.

La influencia del teatro le ha brindado la oportunidad de “aprender como las reacciones y movimientos del cuerpo tienen su propio sonido, como para cada situación hay un sonido específico. Me ha servido a nivel musical en el sentido de saber dónde va cada sonido en una canción. Me ha dado la oportunidad de soltarme creativamente más, me ha enriquecido y apasionarme más por la música, saber que hay que relacionar las artes. La gente cree que es algo nuevo, pero es algo que es viejo, que hay que redescubrirlo”.

Con tal afluencia de artistas a su bar Gabriel no ha perdido el tiempo y con “muchos artistas que han pasado por El Panal me he dado el gusto aunque sea de tocar una canción”, dice sonriente.

  • Nuevas responsabilidades en El Panal y su incipiente rol como gestor cultural

Gabriel casi culmina sus estudios en Ingeniería en Computación en la UNI, pero dice preferir el marketing, por lo que ha optado por capacitarse en diseño gráfico y social media marketing en los cursos libres que ofrece esta universidad: “En el negocio familiar hemos requerido mejorar los medios de difusión que tenemos, promover lo que hacemos tanto para nuestros productos como eventos culturales”.

“Hace poco asumí con mayor seriedad los roles aquí en El Panal tales como arreglar los conciertos, ya puedo decir que tengo un cargo de gerencia de comunicación y gestión cultural, además que por ser familia hago de todo un poco. Me gustaría darle oportunidad a otra gente que sepan que aquí hay un espacio” asegura.

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Solange Saballos y Helio Vanimal

Después de conocer más de este joven cuyo trajín no se detiene, se despide rápidamente de nosotros y se dispone a continuar con su faena. Entre tantas frases que nos compartió, me quedé con una que reflexiono mientras termino mi litro de cerveza: “Todo el que ama su manera de vivir la vida, es un artista”.

 

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El cuarto de Bruno Cortina

Bruno Cortina es un músico autodidacta que aprende constantemente en su centro de operaciones personal: su cuarto.

* Por Solange E. Saballos

Fotos de: Archivos de Bruno Cortina

Era la noche del estreno de RuteadoS, un 30 de agosto de 2013 en la Alianza Francesa de Managua. Ya había escuchado hablar de él por parte de la Ave, quien lo había conocido durante el rodaje de esta serie de cortometrajes, cuyas historias se entrelazan entre sí a través de las subidas, bajadas y paradas que los personajes le hacen a un destartalado bus, destinado al transporte urbano colectivo en Managua. Él había sido el encargado de elaborar el soundtrack.

Recuerdo habermelo topado frente a frente, afuera del local, y que me gustaron los lentes setenteros que todavía se sigue poniendo. Cuando conocí a Bruno no pude dejar de notar que su manera de ser suave, con ocasionales atisbos de timidez, y su sonrisa amable contrastaba con la imagen mental de rockstar desenfrenado a la que me tenían acostumbrada mis bandas favoritas. Experimenté un poco de timidez, que se disipó pronto ante su trato ameno.

Bruno SB

En la escena musical actual, Bruno Cortina ha llegado a destacar como el compositor, guitarra líder y vocalista de Nemi Pipali, la banda capitalina que lleva dentro de su rock fusión mezclas de rock psicodélico, progresivo, jazz y ritmos latinos. Próximamente estrenará su primer videoclip, Enano cabezón, elaborado por los Cierto Güis, la joven productora de cine de la que forma parte.

Es remarcable el trabajo que ha realizado con los Cierto güises preparando los soundtracks de RuteadoS y del documental Si Buscabas. Además ha elaborado varias composiciones musicales para ONGs, jingles, viñetas para campañas educativas y promoción de bandas, ha impartido clases de guitarra y recientemente grabó y produjo un disco de música infantil. También ha colaborado como guitarrista en Cultura Folk, DJ Revuelta Sonora, Momotombo y Omnífono… Su vida laboral es diversa y agitada.

¿Cómo lo ha logrado? Este es su secreto: “La clave es la disciplina, si querés llegar a lograr algo. Darle y darle”.

  • Un ser musical

“A veces siento que escucho más de lo que veo”, me revelaba en la entrevista que tuvimos en el Bar El Panal, una conversación íntima más qué agregar a los 23 y tantos años que este bar tiene de ser el nido acogedor de la bohemia managua. Evoqué aquella noche de San Valentín en su cuarto: las paredes, con dibujos y cuadros coloridos, y en medio de la habitación los micrófonos dispuestos para que la Ave y Móises grabaran las primeras composiciones de Avelqech. Bruno estaba con sus audífonos, con Ioel Molina como apoyo técnico, ambos inclinados sobre la computadora, indicandoles cuándo tocar. Tenía lo indispensable para la sesión en su cuarto-estudio.

Mi mente regresa a la entrevista y escribo a toda velocidad, a falta de grabadora, los sucesos más notables de su vida musical: cómo la música lo acompaña desde antes de nacer -su padre, músico también, le tocaba el saxofón desde que estaba en el vientre materno-; las perennes melodías de toda clase de géneros que escuchaba en su hogar; el libro de guitarra clásica con método autodidacta que su padre le obsequió para que aprendiera y las dos breves lecciones que le dió; Díabizarro, su primera experiencia en una banda musical; Alea iacta est, el primer proyecto que lo incentivó a hacer música con video; los momentos de incertidumbre por los que tuvo que atravesar antes de marcar el rumbo definitivo hacia la música; sus colaboraciones con otras bandas; Nemi Pipali, la banda que integra con su hermano Michael Cortina en la batería y su amigo Evenor González Pérez en el bajo, y nuevamente su labor en Cierto Güis Producciones.

Nemi Pipali

Nemi Pipali

  • El autodidactismo, notable cualidad

Gracias al libro que le dio su padre, Bruno aprendió a tocar por su cuenta. Después de finalizar el texto de lo que fue su llave hacia el conocimiento musical, quiso saber más y más: empezó a frecuentar los cyber cafés para obtener más tablaturas, ver videos musicales y descargar libros de música.  Además de tocar su guitarra, Bruno puede cantar, tocar bajo, percusión y algo de batería y teclado. Asegura orgullosamente haber tocado su primera ranchera a los diez años.

La psique de Bruno tiene una curiosidad desbordante y una intensa necesidad de aprendizaje. “No tengo ninguna titulación. He querido estudiar aviación, botánica, biología, ingeniería ambiental… Me han llamado la atención todas esas carreras”.

Poco después de que los integrantes de Díabizarro escogieran su camino, Bruno, fiel a la música, se encontraba indeciso entre estudiar una carrera en la Universidad, ingresar al Conservatorio o seguir su estrella por su propia cuenta

Como no se encontró a gusto con las primeras dos opciones, retornó a su fuente primaria de aprendizaje: el Internet. “Seguí estudiando por mi cuenta, siempre en mi cuarto”. Siempre en su cuarto como centro de operaciones, se dedicó a seguir componiendo y haciendo grabaciones. Tuvo que mejorar su equipo para ello, ya que considera importante que los músicos puedan grabarse y autoproducirse, y también se debió a que empezó a interesarse por los materiales audiovisuales.

Después de enumerar los variados trabajos que ha realizado de la mano de la música, dijo: “Comencé a hacer música y hasta hoy no me he detenido”.

¿Se rifará algún día a ser solista? “Creo que no, aunque sería interesante hacer una presentación solo”.
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Más de dos meses más tarde, vuelvo mis ojos a esta larga entrevista, ahora editada. Un par de semanas antes volví a citarme con Bruno, misma mesa y mismo lugar, a discutir los pormenores de este perfil. Después de regañarlo -de nuevo- por haberme hecho esperar tanto, y aceptar sus humildes disculpas, lo perdoné a sabiendas de lo atareado que lo mantiene su razón de ser: la música.

Bruno Cortina en Soundcloud


Nemi Pipali en Soundcloud

Garcín y sus agregados en concierto

Ese miércoles de concierto, el Bar El Panal contó con tres presentaciones de bandas previas al concierto de Garcín y con otros artistas invitados.

* Por Solange E. Saballos

Era una noche de los acostumbrados miércoles de concierto del Bar El Panal, ese reconocido bar artístico-cultural que por más de 23 años ha acogido a la bohemia capitalina y sus agregados culturales. Apenas caía la tarde y ya estaban ocupadas muchas de las mesas; al llegar la noche estaban ocupadas todas.

Llegué con la esperanza de encontrarme con mi Merlot y su Duende, pero mis estimados músicos se hacían notar por su tardanza, así que entré al bar esperando encontrarme a alguien conocido. Justo en la mitad del bar, estaban sentados el poeta Carlos Grigsby y el artista visual Alejandro de la Guerra tomándose unos litros. Los saludé y me senté con ellos. Unos minutos más pasaron antes de que Leo y la Ave se presentaran repentinamente, y con una sorpresa: el primer disco de Merlot y Duende en sus manos.

“¿Sabés lo que me dijo Leo después de la primera vez que lo escuchamos?”, me dijo la Ave, conteniendo la risa. No me resultó sorpresiva su respuesta: “Volvamóslo a grabar”, y se tiró una larga carcajada. A su lado, Leo estaba saludando a sus colegas músicos. Tenía su guitarra a la espalda y una sonrisa amable y burlesca.

Contemplé al fondo del bar, lleno a más no poder: era una mescolanza de artistas y público. Varios músicos habían llegado para abrirle el concierto a Garcín, una de las bandas nacionales que más ha pegado en años recientes y la principal razón por la que El Panal se encontraba desbordado, con sus mesas sitiadas por botellas y más botellas de alcohol.

“¡Flaca loca, hacía tiempo que no te veía!”, me saludó Samuel con un gran abrazo, mi amigo y percusionista de Eco latino, la primera banda en tocar esa noche. Estaban Arnold Salgado en el bajo; Marvin Vallecillo en el teclado; Samuel Elías en la percusión, y Móises Gámez en la guitarra y como voz principal. La Ave y yo estábamos impactadas de la evolución que han tenido, sobre todo porque ahora tocan sus propias composiciones y por la hermosa, potente y melodiosa voz de su vocal. Similar opinión tuvimos sobre la ejecución de los instrumentos.

Eco latino

Eco latino

Después que terminaron de tocar, en el bar irrumpieron unos jóvenes músicos que eran una mezcla de miembros de las bandas emergentes Nadsat, The Camels, Ple, Blunted memories y un batero que aún no tiene banda. “Buenas noches, nosotros somos los Casablanqueños”, dijeron, quizás haciendo alusión a la película Casablanca (1942). Eran Juberth Flores en el bajo; Jamil Zeledón en el teclado; Carlos Zeledón en la guitarra, y Daniel Osorno en la batería.

Casablanqueños

Casablanqueños

Luego vinieron mis mimados: los Merlot & Duende, unos pájaros exóticos recientemente liberados en la escena musical y con una propuesta ‘flamenco fusión’. Estaban Leo Canales en la guitarra flamenca y la Ave Asán como vocal.

Merlot y Duende

Merlot y Duende

Finalmente, cargados con las buenas vibras de sus amigos músicos, le tocó el turno a los chavalos de la noche: Garcín. Estuvieron Mario Ruiz en la guitarra acústica y voz principal; Milton Castrillo en la guitarra eléctrica; Andrés Centeno en el bajo; David Keagan en la batería y Oskar Acevedo en la percusión. Durante su concierto contaron con los poemas de los Amigos de Monet y con cuentos de Dorling López. Recuerdo momentos abrazada con la Ave, cantando con todo el público: “Hoy podría ser ese día que no te cueste sacar el corazón del caparazóoooon…”

La noche rebasó las expectativas gracias al apoyo e intervención de los artistas amigos de Garcín, de los propios garcínes y del respetable público, emocionado con la música y embriagado de alegría. ¡Salud!

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La mesa de Eco latino

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