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El cuarto de Bruno Cortina

Bruno Cortina es un músico autodidacta que aprende constantemente en su centro de operaciones personal: su cuarto.

* Por Solange E. Saballos

Fotos de: Archivos de Bruno Cortina

Era la noche del estreno de RuteadoS, un 30 de agosto de 2013 en la Alianza Francesa de Managua. Ya había escuchado hablar de él por parte de la Ave, quien lo había conocido durante el rodaje de esta serie de cortometrajes, cuyas historias se entrelazan entre sí a través de las subidas, bajadas y paradas que los personajes le hacen a un destartalado bus, destinado al transporte urbano colectivo en Managua. Él había sido el encargado de elaborar el soundtrack.

Recuerdo habermelo topado frente a frente, afuera del local, y que me gustaron los lentes setenteros que todavía se sigue poniendo. Cuando conocí a Bruno no pude dejar de notar que su manera de ser suave, con ocasionales atisbos de timidez, y su sonrisa amable contrastaba con la imagen mental de rockstar desenfrenado a la que me tenían acostumbrada mis bandas favoritas. Experimenté un poco de timidez, que se disipó pronto ante su trato ameno.

Bruno SB

En la escena musical actual, Bruno Cortina ha llegado a destacar como el compositor, guitarra líder y vocalista de Nemi Pipali, la banda capitalina que lleva dentro de su rock fusión mezclas de rock psicodélico, progresivo, jazz y ritmos latinos. Próximamente estrenará su primer videoclip, Enano cabezón, elaborado por los Cierto Güis, la joven productora de cine de la que forma parte.

Es remarcable el trabajo que ha realizado con los Cierto güises preparando los soundtracks de RuteadoS y del documental Si Buscabas. Además ha elaborado varias composiciones musicales para ONGs, jingles, viñetas para campañas educativas y promoción de bandas, ha impartido clases de guitarra y recientemente grabó y produjo un disco de música infantil. También ha colaborado como guitarrista en Cultura Folk, DJ Revuelta Sonora, Momotombo y Omnífono… Su vida laboral es diversa y agitada.

¿Cómo lo ha logrado? Este es su secreto: “La clave es la disciplina, si querés llegar a lograr algo. Darle y darle”.

  • Un ser musical

“A veces siento que escucho más de lo que veo”, me revelaba en la entrevista que tuvimos en el Bar El Panal, una conversación íntima más qué agregar a los 23 y tantos años que este bar tiene de ser el nido acogedor de la bohemia managua. Evoqué aquella noche de San Valentín en su cuarto: las paredes, con dibujos y cuadros coloridos, y en medio de la habitación los micrófonos dispuestos para que la Ave y Móises grabaran las primeras composiciones de Avelqech. Bruno estaba con sus audífonos, con Ioel Molina como apoyo técnico, ambos inclinados sobre la computadora, indicandoles cuándo tocar. Tenía lo indispensable para la sesión en su cuarto-estudio.

Mi mente regresa a la entrevista y escribo a toda velocidad, a falta de grabadora, los sucesos más notables de su vida musical: cómo la música lo acompaña desde antes de nacer -su padre, músico también, le tocaba el saxofón desde que estaba en el vientre materno-; las perennes melodías de toda clase de géneros que escuchaba en su hogar; el libro de guitarra clásica con método autodidacta que su padre le obsequió para que aprendiera y las dos breves lecciones que le dió; Díabizarro, su primera experiencia en una banda musical; Alea iacta est, el primer proyecto que lo incentivó a hacer música con video; los momentos de incertidumbre por los que tuvo que atravesar antes de marcar el rumbo definitivo hacia la música; sus colaboraciones con otras bandas; Nemi Pipali, la banda que integra con su hermano Michael Cortina en la batería y su amigo Evenor González Pérez en el bajo, y nuevamente su labor en Cierto Güis Producciones.

Nemi Pipali

Nemi Pipali

  • El autodidactismo, notable cualidad

Gracias al libro que le dio su padre, Bruno aprendió a tocar por su cuenta. Después de finalizar el texto de lo que fue su llave hacia el conocimiento musical, quiso saber más y más: empezó a frecuentar los cyber cafés para obtener más tablaturas, ver videos musicales y descargar libros de música.  Además de tocar su guitarra, Bruno puede cantar, tocar bajo, percusión y algo de batería y teclado. Asegura orgullosamente haber tocado su primera ranchera a los diez años.

La psique de Bruno tiene una curiosidad desbordante y una intensa necesidad de aprendizaje. “No tengo ninguna titulación. He querido estudiar aviación, botánica, biología, ingeniería ambiental… Me han llamado la atención todas esas carreras”.

Poco después de que los integrantes de Díabizarro escogieran su camino, Bruno, fiel a la música, se encontraba indeciso entre estudiar una carrera en la Universidad, ingresar al Conservatorio o seguir su estrella por su propia cuenta

Como no se encontró a gusto con las primeras dos opciones, retornó a su fuente primaria de aprendizaje: el Internet. “Seguí estudiando por mi cuenta, siempre en mi cuarto”. Siempre en su cuarto como centro de operaciones, se dedicó a seguir componiendo y haciendo grabaciones. Tuvo que mejorar su equipo para ello, ya que considera importante que los músicos puedan grabarse y autoproducirse, y también se debió a que empezó a interesarse por los materiales audiovisuales.

Después de enumerar los variados trabajos que ha realizado de la mano de la música, dijo: “Comencé a hacer música y hasta hoy no me he detenido”.

¿Se rifará algún día a ser solista? “Creo que no, aunque sería interesante hacer una presentación solo”.
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Más de dos meses más tarde, vuelvo mis ojos a esta larga entrevista, ahora editada. Un par de semanas antes volví a citarme con Bruno, misma mesa y mismo lugar, a discutir los pormenores de este perfil. Después de regañarlo -de nuevo- por haberme hecho esperar tanto, y aceptar sus humildes disculpas, lo perdoné a sabiendas de lo atareado que lo mantiene su razón de ser: la música.

Bruno Cortina en Soundcloud


Nemi Pipali en Soundcloud

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Garcín y sus agregados en concierto

Ese miércoles de concierto, el Bar El Panal contó con tres presentaciones de bandas previas al concierto de Garcín y con otros artistas invitados.

* Por Solange E. Saballos

Era una noche de los acostumbrados miércoles de concierto del Bar El Panal, ese reconocido bar artístico-cultural que por más de 23 años ha acogido a la bohemia capitalina y sus agregados culturales. Apenas caía la tarde y ya estaban ocupadas muchas de las mesas; al llegar la noche estaban ocupadas todas.

Llegué con la esperanza de encontrarme con mi Merlot y su Duende, pero mis estimados músicos se hacían notar por su tardanza, así que entré al bar esperando encontrarme a alguien conocido. Justo en la mitad del bar, estaban sentados el poeta Carlos Grigsby y el artista visual Alejandro de la Guerra tomándose unos litros. Los saludé y me senté con ellos. Unos minutos más pasaron antes de que Leo y la Ave se presentaran repentinamente, y con una sorpresa: el primer disco de Merlot y Duende en sus manos.

“¿Sabés lo que me dijo Leo después de la primera vez que lo escuchamos?”, me dijo la Ave, conteniendo la risa. No me resultó sorpresiva su respuesta: “Volvamóslo a grabar”, y se tiró una larga carcajada. A su lado, Leo estaba saludando a sus colegas músicos. Tenía su guitarra a la espalda y una sonrisa amable y burlesca.

Contemplé al fondo del bar, lleno a más no poder: era una mescolanza de artistas y público. Varios músicos habían llegado para abrirle el concierto a Garcín, una de las bandas nacionales que más ha pegado en años recientes y la principal razón por la que El Panal se encontraba desbordado, con sus mesas sitiadas por botellas y más botellas de alcohol.

“¡Flaca loca, hacía tiempo que no te veía!”, me saludó Samuel con un gran abrazo, mi amigo y percusionista de Eco latino, la primera banda en tocar esa noche. Estaban Arnold Salgado en el bajo; Marvin Vallecillo en el teclado; Samuel Elías en la percusión, y Móises Gámez en la guitarra y como voz principal. La Ave y yo estábamos impactadas de la evolución que han tenido, sobre todo porque ahora tocan sus propias composiciones y por la hermosa, potente y melodiosa voz de su vocal. Similar opinión tuvimos sobre la ejecución de los instrumentos.

Eco latino

Eco latino

Después que terminaron de tocar, en el bar irrumpieron unos jóvenes músicos que eran una mezcla de miembros de las bandas emergentes Nadsat, The Camels, Ple, Blunted memories y un batero que aún no tiene banda. “Buenas noches, nosotros somos los Casablanqueños”, dijeron, quizás haciendo alusión a la película Casablanca (1942). Eran Juberth Flores en el bajo; Jamil Zeledón en el teclado; Carlos Zeledón en la guitarra, y Daniel Osorno en la batería.

Casablanqueños

Casablanqueños

Luego vinieron mis mimados: los Merlot & Duende, unos pájaros exóticos recientemente liberados en la escena musical y con una propuesta ‘flamenco fusión’. Estaban Leo Canales en la guitarra flamenca y la Ave Asán como vocal.

Merlot y Duende

Merlot y Duende

Finalmente, cargados con las buenas vibras de sus amigos músicos, le tocó el turno a los chavalos de la noche: Garcín. Estuvieron Mario Ruiz en la guitarra acústica y voz principal; Milton Castrillo en la guitarra eléctrica; Andrés Centeno en el bajo; David Keagan en la batería y Oskar Acevedo en la percusión. Durante su concierto contaron con los poemas de los Amigos de Monet y con cuentos de Dorling López. Recuerdo momentos abrazada con la Ave, cantando con todo el público: “Hoy podría ser ese día que no te cueste sacar el corazón del caparazóoooon…”

La noche rebasó las expectativas gracias al apoyo e intervención de los artistas amigos de Garcín, de los propios garcínes y del respetable público, emocionado con la música y embriagado de alegría. ¡Salud!

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La mesa de Eco latino

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