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¡Rubén Darío en escena!

‘Canción profana’ es una obra escénica musical en homenaje al centenario del fallecimiento de Rubén Darío (1916-2016)

* Por Solange E. Saballos

Fotografía: Danilo Castañeda

Había visto ‘Canción profana’ anunciada con mucha pompa y entusiasmo semanas atrás. Aunque deseaba ardientemente asistir, el tiempo traicionero no me alcanzaba: ya me había resignado a sucumbir sepultada por una avalancha de tareas universitarias. Sin embargo, tuve la suerte de encontrarme al cineasta Iván Argüello Lacayo y a la coreógrafa y bailarina Gloria Bacon en la celebración de los 50 años de vida teatral de Evelyn Martínez. Iván insistió en que, como medio de comunicación joven, debía presenciar la obra y dar mi parecer. Ante semejante compromiso no tuve más que estirar como chicle mi tiempo, y asistimos a un espectáculo sin precedentes entre los variados homenajes que se han hecho en nombre de Rubén Darío.

‘Canción profana’ fue estrenada el 30 de octubre en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío. Contó con un elenco artístico de 65 estudiantes de la Universidad Americana quienes, desde las distintas disciplinas artísticas que la UAM promueve, se juntaron para romper esquemas e interpretar la vida y obra del Príncipe de las Letras Castellanas desde una visión contemporánea, fresca y audaz.

“¡Maestro, maestro!”, le gritan a coro un grupo de jóvenes a Rubén Darío, quien yace postrado en una cama, víctima de su alcoholismo, con la chispa de su grandeza apagándose por sentir cercana la muerte. Antes de verla terminar los ojos de los espectadores han sido cautivados por un guion teatral colmado de declamaciones y hasta rapeo de sus poemas, danzas entre ritmos rockeros y caribeños, importantes datos biográficos de su vida personal y trayectoria profesional, música en vivo, en fin, un merecido homenaje de multidisciplinariedad artística que ha roto con la solemne y monótona tradición de conmemorar al maestro sólo entre debates de mesas literarias.

Esta obra escénica musical contó con dirección repartida: dirección teatral por Iván Argüello Lacayo y Rosa María Matute; en danza por Gloria Bacon y Saphja Ibarra, y en música por Luis Emilio Martínez.

“En Canción Profana, Rubén Darío se libera del mármol para mostrarse desde su propia humanidad como un ser en constante movimiento hacia el futuro, superando inclusos sus innovaciones modernistas y sentando con Cantos de Vida y Esperanza las bases de la literatura contemporánea de América Latina”, explica Iván Argüello Lacayo en el programa de mano.


‘Canción profana’ ha hecho gira y se ha presentado en dos departamentos más: el 6 de noviembre en el Teatro José de la Cruz Mena en León y el 12 de noviembre en el Teatro Municipal de Matagalpa. Espero que regresen pronto a Managua y que las personas que no han  tenido oportunidad de verla se den el gusto de apreciar esta innovadora propuesta.

El único ‘pero’ que pondría es la costumbre, profundamente arraigada y de origen desconocido, de algunos actores nicas de hablar-en-escena-todo-entre-cor-ta-do. Pero bueno, eso es algo que se pule a medida que crece la experiencia en las tablas. Muchas gracias a Iván Argüello y a Gloria Bacon por permitirnos llegar a palmerear a su obra. Le grité a Iván desde el primer balcón: ¡Felicidades, me gustó mucho!

Canción profana Palmerita

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La odisea de Mujeres de la frontera

El director nicaragüense Iván Argüello Lacayo narra las dificultades por las que atravesó junto a su equipo para lograr rodar la historia de mujeres campesinas desplazadas durante la guerra de los 80’s.

* Por Solange E. Saballos

Imagen tomada de: Archivos de Kino Managua

En los tiempos en que querer hacer una película parecía ser “la locura más grande del mundo” y que el equipo de producción, cercano a las zonas de conflicto, “parecía un circo” no se dejaban desanimar a pesar de las múltiples dificultades, y hasta los productores cargaron con sacos de maíz y frijoles para poder ambientar las escenas. Se dijo que Rusia haría la coproducción y al final fueron Iván Argüello y su equipo los que tuvieron que cargar con todo. Hasta los productores tuvieron que cargar los sacos de maíz y frijoles.

Mujeres de la frontera fue proyectada el martes 12 de mayo en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra  en el marco del Ciclo de Cine Nicaragüens eimpulsado por el proyecto Kino Managua con apoyo de la Cinemateca Nacional y Cierto Güis Producciones.

Afiche de la película

Afiche de la película

Fue rodada en 1985 durante la guerra en Jalapa.

[Reseña]: Se han llevado a los hombres a combatir a la Contra, y las mujeres y sus hijos han quedado solos en la comarca. Sin contar con su ayuda para enfrentar las miserias de la guerra, las mujeres se juntan y comienzan a valerse por sí mismas a la espera de su regreso.

(No hay video para mostrar)

La historia fue construida sobre los personajes de Feliciana Rivera y su mama. La intención del film era mostrar “la experiencia de vida de estas mujeres”. Se hizo una combinación de actores que estaban iniciando a hacer teatro y de personas que nunca antes habían actuado, pero que vivieron en carne propia la experiencia. Los actores hablan de una manera ‘extraña’ o más bien entrecortada. Para hacerse una idea puede empezar/a/hablar/TODOentre/cortado-y-despacio. Así obtendrá una muestra de los actores de teatro o aficionados nicaragüenses forzados a actuar sin una previa capacitación para la actuación de cine o TV.

Algo de lo que se lamentaron durante el conversatorio fue del destino de Feliciana, quien fue condenada al destierro: “a la actriz la rechazaron después de la película y la expulsaron de la cooperativa”. En la actualidad se gana la vida vendiendo tortillas y nadie ha sabido ayudarla ni acordarse de ella, según recalcó Iván.

En aquellos tiempos ya existía el movimiento documental en Incine, pero muchos realizadores querían comenzar a hacer ficción, entre ellos, se encontraba Ramiro Lacayo. “Vea Iván, ¿y por qué no hacemos de este proyecto una ficción?”, recuerda Iván. Algunos mandos de Incine se oponían, pero Ramiro Lacayo decidió apoyar el proyecto “aunque su cabeza estaba en juego”.

Los planes iban saliendo a como se esperaba, cuando un problema imprevisto redujo la cinta original de 70 minutos a 50 minutos: al irse a Cuba a ser editada, no se sabe quién o quiénes rayaron los negativos de la película.

“Tuvimos que volver a empezar, rehacer el guion…” Iván todavía traga amargo al recordar la frustración: “Estaba tan desmoralizado que ni siquiera quería verla”. Una vez más, apareció Ramiro, quien sí quiso verla y la calificó como “una buena película”. Así que Iván tomó valor y se decidió. En la oscura sala de cine, Iván Argüello contempló su obra con una sensación de alegría y dolor a la vez.

La película ganó “un par de premios”, dijo modestamente su director.  Fue galardonada en el Festival Internacional de Cine de Manheim y en el Festival Internacional de Cine de Bogotá.

Hace treinta años fue exhibida, y el discurso de su trama aún tiene vigencia: mujeres enfrentándose al dolor de la guerra, con hijos, e indispuestas a dejarse doblegar. Trabajadoras, constantes e indomables.

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