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La odisea de Mujeres de la frontera

El director nicaragüense Iván Argüello Lacayo narra las dificultades por las que atravesó junto a su equipo para lograr rodar la historia de mujeres campesinas desplazadas durante la guerra de los 80’s.

* Por Solange E. Saballos

Imagen tomada de: Archivos de Kino Managua

En los tiempos en que querer hacer una película parecía ser “la locura más grande del mundo” y que el equipo de producción, cercano a las zonas de conflicto, “parecía un circo” no se dejaban desanimar a pesar de las múltiples dificultades, y hasta los productores cargaron con sacos de maíz y frijoles para poder ambientar las escenas. Se dijo que Rusia haría la coproducción y al final fueron Iván Argüello y su equipo los que tuvieron que cargar con todo. Hasta los productores tuvieron que cargar los sacos de maíz y frijoles.

Mujeres de la frontera fue proyectada el martes 12 de mayo en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra  en el marco del Ciclo de Cine Nicaragüens eimpulsado por el proyecto Kino Managua con apoyo de la Cinemateca Nacional y Cierto Güis Producciones.

Afiche de la película

Afiche de la película

Fue rodada en 1985 durante la guerra en Jalapa.

[Reseña]: Se han llevado a los hombres a combatir a la Contra, y las mujeres y sus hijos han quedado solos en la comarca. Sin contar con su ayuda para enfrentar las miserias de la guerra, las mujeres se juntan y comienzan a valerse por sí mismas a la espera de su regreso.

(No hay video para mostrar)

La historia fue construida sobre los personajes de Feliciana Rivera y su mama. La intención del film era mostrar “la experiencia de vida de estas mujeres”. Se hizo una combinación de actores que estaban iniciando a hacer teatro y de personas que nunca antes habían actuado, pero que vivieron en carne propia la experiencia. Los actores hablan de una manera ‘extraña’ o más bien entrecortada. Para hacerse una idea puede empezar/a/hablar/TODOentre/cortado-y-despacio. Así obtendrá una muestra de los actores de teatro o aficionados nicaragüenses forzados a actuar sin una previa capacitación para la actuación de cine o TV.

Algo de lo que se lamentaron durante el conversatorio fue del destino de Feliciana, quien fue condenada al destierro: “a la actriz la rechazaron después de la película y la expulsaron de la cooperativa”. En la actualidad se gana la vida vendiendo tortillas y nadie ha sabido ayudarla ni acordarse de ella, según recalcó Iván.

En aquellos tiempos ya existía el movimiento documental en Incine, pero muchos realizadores querían comenzar a hacer ficción, entre ellos, se encontraba Ramiro Lacayo. “Vea Iván, ¿y por qué no hacemos de este proyecto una ficción?”, recuerda Iván. Algunos mandos de Incine se oponían, pero Ramiro Lacayo decidió apoyar el proyecto “aunque su cabeza estaba en juego”.

Los planes iban saliendo a como se esperaba, cuando un problema imprevisto redujo la cinta original de 70 minutos a 50 minutos: al irse a Cuba a ser editada, no se sabe quién o quiénes rayaron los negativos de la película.

“Tuvimos que volver a empezar, rehacer el guion…” Iván todavía traga amargo al recordar la frustración: “Estaba tan desmoralizado que ni siquiera quería verla”. Una vez más, apareció Ramiro, quien sí quiso verla y la calificó como “una buena película”. Así que Iván tomó valor y se decidió. En la oscura sala de cine, Iván Argüello contempló su obra con una sensación de alegría y dolor a la vez.

La película ganó “un par de premios”, dijo modestamente su director.  Fue galardonada en el Festival Internacional de Cine de Manheim y en el Festival Internacional de Cine de Bogotá.

Hace treinta años fue exhibida, y el discurso de su trama aún tiene vigencia: mujeres enfrentándose al dolor de la guerra, con hijos, e indispuestas a dejarse doblegar. Trabajadoras, constantes e indomables.

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¿Cuál era la canción de Carla?

El director inglés Ken Loach y el escritor escocés Paul Laverty se aliaron por primera vez para llevar a escena una protesta en contra de la guerra en los 80’s.

* Por Solange E. Saballos

Imagen tomada de: http://www.reyesabades.com/

Afiche de la película

Afiche de la película

En esta pícara sociedad, que predica apegarse a las mayores virtudes cuando en realidad está asquerosamente viciada, qué feliz resulta apreciar el fruto del encuentro entre dos espíritus rebeldes con causa y gracia, cuyas ideologías en contra de la injusticia los hacen víctimas de la persecusión, la represión, el ostracismo y la censura.

Son muchos los que sucumben ante esta brutal represión psicológica, y sólo las mentalidades lúcidas y fieles a sí mismas son capaces de sortear esta gran cantidad de obstáculos. Todo sea con tal de hacer realidad un sueño. Tal ha sido el caso del director Ken Loach y el guionista Paul Laverty.

La canción de Carla fue proyectada el miércoles 6 de mayo en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra  en el marco del Ciclo de Cine Nicaragüense impulsado por el proyecto Kino Managua con apoyo de la Cinemateca Nacional y Cierto Güis Producciones.

El polémico director inglés conoció al abogado e incipiente guionista mientras rodaba Tierra y libertad y le aseguró ser quien llevaría su guion a la gran pantalla después de finalizar ese rodaje.

La canción de Carla contó con la coproducción de Reino Unido, España y Alemania. Fue estrenada en 1996 y nominada a un premio BAFTA como “Mejor película británica”.

Es un drama romántico ambientado en el contexto de la guerra civil entre contras y sandinistas, dirigido por el director inglés Ken Loach, famoso por sus cintas cargadas de crítica social y política. Por tales razones, ha sufrido varias veces de la más encarnizada censura. Pero este director no se ha dejado amedrentar por las amenazas, y es hoy el poseedor de premios como la Palma de oro, teniendo mucho que ver su alianza con Paul Laverty.

En una entrevista que le realizó Barry Didcock para el Herald Scotland, Laverty mencionó que presenciar la guerra en Nicaragua formó parte de lo que hoy es su visión del mundo.

  • Laverty y Nicaragua: un idilio más que cinematográfico

Laverty vivió durante los 80’s en Nicaragua, y era parte de una organización que denunciaba los abusos a los derechos humanos a causa de la guerra civil entre los contras, financiados por Estados Unidos, y los sandinistas, que ya se habían hecho con el poder luego de derrocar a la dictadura somocista.

La primera vez que llegó a Nicaragua fue en 1984, deseoso de conocer al movimiento sandinista. Regresó en 1986 a apoyar a la Comisión Nacional por la Promoción y Protección de los Derechos Humanos. Recogía testimonios de personas que habían sido atacadas por los Contras.

“Conocí a la más increíble variedad de personas, desde ex-agentes de la CIA hasta Contras que habían mutilado personas, y familias a quienes les secuestraron y asesinaron a sus hijos. Conocí plomeros de Alemania que venían a dar una mano, a budistas que meditaban por la paz, a cínicos periodistas derechistas, a ideólogos izquierdistas. Observé un rango completo de experiencias humanas. Y también presencie la guerra”, le narró al periodista.

Al regresar a su hogar en Glasgow escribió el guion de La canción de Carla, que le mereció un premio Fullbright de la Universidad del Sur de California.

[Reseña]: George, un escocés de espíritu rebelde, que trabaja como conductor de autobús, conoce a Carla, una refugiada nicaragüense recién llegada a Glasgow. Mientras tanto, en Nicaragua (1987), la Contra se prepara para derrocar al Gobierno sandinista. La situación de su país, de su familia y el amor que dejó atrás atormentan a Carla. George decide entonces acompañarla a Nicaragua para que afronte la dura realidad de la guerra y de los sentimientos (Tomada de Filmaffinity.com)

Y… ¿Cuál era la canción de Carla? No podía ser otra:

El centerfielder y El espectro de la guerra: inicios de ficción en el cine nica

Se presentaron los primeros metrajes de ficción del cineasta Ramiro Lacayo Deshón, antecedidos por una reveladora carta.

* Por Solange E. Saballos

Crédito de la foto: http://www.laprensa.com.ni /Arnulfo Agüero

Ramiro Lacayo Deshón

Ramiro Lacayo Deshón

Antes de iniciar la proyección, Arielka Juárez, organizadora de Kino Managua, habló en representación de Ramiro Lacayo Deshón, pintor y cineasta nicaragüense que perteneció a esa inolvidable generación Incine.

Arielka leyó la carta y soltó el motivo que empujo a Ramiro Lacayo a recrear ficción: “El cine nica no iba a sobrevivir sólo haciendo documentales. Había que hacer cine de ficción”. Sin embargo, menciona haber tenido sus detractores:  “Hubo una revuelta en Incine pues muchos consideraban que se debía mantener en la línea del cine documental” declaró en la misiva.

“Los primeros pasos fueron torpes, no con las facilidades con las que cuentan ahora” decía, y recalcó haber pertenecido a “una generación que vio sus sueños frustrados por la guerra”.

Y finalizó las palabras solicitando disculpas.

El centerfielder y El espectro de la guerra fueron proyectados el martes 28 de abril en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra  en el marco del Ciclo de Cine Nicaragüense impulsado por el proyecto Kino Managua con apoyo de la Cinemateca Nacional y Cierto Güis Producciones.

El centerfielder (1984) es un cortometraje basado en el cuento homónimo de Sergio Ramírez Mercado.

[Reseña]: Capturan a un viejo zapatero que antaño fue conocido como un gran béisbolero, por encontrarse su hijo relacionado a las actividades de la revolución en contra de Somoza. La guardia lo interroga brevemente antes de tomar una decisión sobre su vida.

El corto, en blanco y negro, fue una fiel y apegada adaptación del cuento original, escrita por Robert Young.

El Espectro de la guerra (1988) es un largometraje de ficción que contó con la coproducción de México, España, Cuba y Nicaragua. El guion fue escrito por Ramiro Lacayo y Franco Reggiani.

[Reseña]: Reynaldo llega de Bluefields a Managua con el sueño de convertirse en bailarín profesional. Trabaja para mantenerse y estudia en la Academia de Danza, donde entrena diariamente, con la esperanza de poder continuar sus estudios en Europa; en el camino conoce y se enamora de María, una bailarina de break dance que duda de las posibilidades de Reynaldo. Pero la guerra se cruza en los planes del bailarín, y le deja con sus sueños rotos.

(No se encontraron imágenes ni videos para mostrar)

En esta película se entrecruzan escenas de danza con escenas de la guerra. Es divertido ver a la reconocida y ya fallecida actriz Pilar Aguirre como una simpática y desinhibida abuela. El protagonista es interpretado por Elmer Macfields, quien logró dotar al personaje de un irresistible carisma y desenfado.

No dejaba de recordar aquel conversatorio de cine nacional, en el cual don Ramiro Lacayo Deshón se veía tan imponente desde su escritorio, regañando a los jóvenes y hasta dudando de sus motivos para hacer cine. Pero, esa noche, manifestó una disculpa desde otros labios y con otra voz por haber sido como muchos de nosotros: inexperto, soñador y rebelde. Un espíritu que fue joven, sobre todo joven. Sonó a disculpas de vejez por las travesuras de antaño.

“Hubo muchos errores de producción y aunque hubo cierto éxito, hoy no estoy satisfecho”. Pues debería estarlo, porque luchó hasta hacer sus ficciones una realidad cinematográfica.

Walker, el predestinado a la desventura

Rodar Walker lo separaría definitivamente de Hollywood, pero eso le importó poco o nada a este rebelde director inglés.

* Por Solange E. Saballos

250px-Walkertheatrical (1)Afiche de la película

El director inglés Alex Cox visitó Nicaragua por primera vez en 1984 con ganas de saciar su curiosidad, instigada por los reportes que se hacían en Estados Unidos sobre nuestro país. La prensa estadounidense aseguraba que Nicaragua atravesaba por las más cruentas, bajas y viles condiciones a causa de la guerra. Cox quiso averiguar la verdad por sí mismo, y en el camino se topó con un artículo de la revista Mother Jones, acerca de un personaje histórico que cautivaría su imaginación: William Walker.

Walker fue proyectada el lunes 27 de abril en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra  en el marco del Ciclo de Cine Nicaragüense impulsado por el proyecto Kino Managua con apoyo de la Cinemateca Nacional y Cierto Güis Producciones.

Antes de dirigir este “western-acid”, Cox ya era conocido por películas como Repo Man (1984) y Sid & Nancy (1986). Su rebeldía se encontró a gusto en Nicaragua y, apasionado por la lucha sandinista, Cox se decidió a rodar la película que le haría romper definitivamente con los estudios de Hollywood. Fue filmada durante la guerra de los contras y con la intención de su director de librar al sandinismo de la mala prensa que sufrían en Estados Unidos y Europa.

[Reseña]: Narra las aventuras del mercenario William Walker. Después de fallar su plan de crear una insurrección armada en México, se decide por empezar a dirigir un periódico y casarse con su prometida sordomuda, Ellen Martin; pero Ellen muere y Walker es contactado por Cornelius Vanderbilt, un multimillonario que financia una misión a Nicaragua para derrocar a su gobierno y asegurar sus intereses en ese país. Walker cree profundamente en el Destino Manifiesto, y después de ganarse al gobierno de turno nicaragüense y traicionarlo, no tarda en autoproclamarse presidente. Pero sus acciones, guiadas por su creciente megalomanía, le granjean el descontento del país y también la pérdida del apoyo estadounidense.

Con el apoyo del gobierno sandinista y de la Iglesia Católica, Cox rodó con la convicción de que “la fuerza por la paz y reconciliación” podría servir para que se detuviera, o al menos se atenuara, la masacre entre paisanos.

La cinta atrajo a un sinnúmero de reporteros a Nicaragua, cumpliendose así uno de los objetivos de Alex Cox, quien deseaba atraer a la prensa para que los corresponsales analizaran por sí mismos lo que estaba sucediendo y formularan sus propias opiniones.

“No hicimos esta película para volvernos ricos. La hicimos porque nos oponemos a la política extranjera de la administración de Reagan. Nos oponemos a la militarización en Centroamérica y a la inminente guerra”, declaró Cox en 1987 a la revista Mother Jones.
Este film no es el drama de un país acosado por la injerencia extranjera sino “una entretenida historia sobre un tipo que está loco”, expresó su director. Walker, interpretado por Ed Harris, ciertamente se comporta de manera extravagante y megalómana. La película está embebida en sátira y llena de anacronismos como helicópteros, encendedores zippo y carros… A mediados del siglo XIX. La película ni siquiera se apega a los hechos históricos, pues Cox se tomó la libertad de inventar su propia versión de lo que fue el destino manifiesto de “Willians Walker”.

En la actualidad Alex Cox se dedica a continuar su carrera dentro del cine independiente. No estaría de más echarle un ojo a la producción de este director caprichoso y de gusto punk.

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