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Sueños, melodías y pintura

José Zapata presentó una exposición de pintura interactiva con la participación de la pintora Linda Lara y los niños artistas Martita Zapata, Christopher Palacios y Angie García más la intervención musical de Rubén Zapata Ramírez.

* Por Solange E. Saballos

Fotos por: Danilo Castañeda

La galería del Centro PAC estaba llena, y no sólo por los cuadros que abren una típica muestra de arte: había caballetes y lienzos para que los asistentes, pintores o aficionados, se entretuvieran pintando a su gusto, teniendo acompañamiento de las melodías del pianista leonés Rubén Zapata Ramírez, quien no dejó de tocar mientras hubo público presente. Incluso siguió tocando mientras lo entrevistaba.

Cuando José Zapata improvisó un cuadro, él también improvisó con sus notas: “Ya había escuchado antes acerca de conciertos dibujados, en donde el pintor y el músico improvisan. Observé lo que José Zapata iba pintando, y toqué lo que me transmitía”. No pude dejar de recordar a María Antonieta Lugo y sus viajes al óleo con música, en donde su persona combina ambas disciplinas artísticas.

Los adultos estaban contentos, pero era la pasión y naturalidad de los niños, futuros artistas, lo que causaba mayor entusiasmo. “La pintura interactiva de hoy sueña que los niños pinten y sean creativos, que puedan rayar lo que quieran, a la hora que quieran, sin que nadie les corte la inspiración”, dijo el pintor José Zapata. Adultos y niños pintaban juntos o separados, en pareja o con sus madres.

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Sueños, exposición de pintura interactiva estuvo a cargo del pintor José Zapata y fue inaugurada el miércoles 2 de septiembre en la galería del Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra con la participación de Linda Lara y los niños artistas Martita Zapata, Christopher Palacios y Angie García. Contó con la intervención musical de Rubén Zapata Ramírez.

La muestra estuvo compuesta por cuadros de José Zapata, Linda Lara y los alumnos de José: Martita Zapata (12), Christopher Palacios (10) y Angie García (11). En la galería atiborrada no me costó dar con ellos, pues estaban vestidos de blanco —para representar la pureza, según su maestro—, y los tres, muy juntos, dibujando en el mismo lienzo. Me acerqué a ellos, con la seriedad afable de mi oficio, les pregunté si ellos eran los tres artistas y que si me daban permiso de entrevistarlos. Los tres me sonrieron tímidos, dijeron ‘sí’ a coro y me permitieron doblar mis largas piernas para platicar con ellos.

“Los tres estamos en la misma clase”, me dijo Martita. “Yo estoy en clases de pintura con mi tío desde hace cuatro meses”, me contó Christopher, y Angie dijo que “aunque acabo de entrar aprendo rápido”. “Comencé haciendo unos cuadros algo extraños, pero poco a poco he ido aprendiendo”, me comentaba Christopher, y opinó que “debemos destacar al niño que tenemos dentro de nosotros”. Martita me contó que ella y Christopher ganaron el segundo lugar de la competencia de ‘El Principito’ convocada por Hispamer.

Los niños dicen que esperan continuar su camino artístico, y me emocioné de sugerirles que cada uno podría llegar a tener su propia galería personal.

Linda Lara, colega de José Zapata, dijo que siempre están haciendo cosas y buscando “un poco más de conocimiento”. Le motiva trabajar con él por “sus ganas de hacer, esa espontaneidad y esa fuerza que tiene en su trabajo”. Lara es una pintora venezolana que ha trabajado con niños de escasos recursos y capacidades diferentes en varias organizaciones del país desde hace seis años. Es representante de Temperas Cantilán.

“La niñez, la edad temprana, es la mejor edad para cultivar el arte, para que la gente viva en ese mundo de color que es tan necesario y tan bonito”, aseguró Lara.

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Hablan los sonidos, suenan las palabras: una entrevista a Roberto Carlos Pérez

Una entrevista a profundidad al músico y escritor nicaragüense Roberto Carlos Pérez.

* Por Ana Verónica Sánchez Narváez (*)

Fotos de: Archivo de Roberto Carlos

Cierto día, a principios de 2013, recuerdo que un muy querido amigo mío, Tomás Arce, un amigo muy querido, quien actualmente dirige Cierto Güis Producciones, me invitó a tomar un café cerca de la UCA. Hablamos de muchos temas, en especial sobre literatura y música, para variar jajajajaja. Pero hubo cierto detalle especial de la reunión: habían  seleccionado un cuento de Tomás para ser publicado en la antología Flores de la Trinchera. ¡Sentí tanto orgullo por él!

Esta antología, la primera publicación del Fondo Editorial Soma, reúne relatos de 13 narradores nicaragüenses, tango emergentes como reconocidos, acompañados de grabados y dibujos de Carlos Barberena.  Tomás, con su característica discreción, me obsequió un ejemplar con una dedicatoria especial para mí.

Corrí a casa y devoré con desesperación, primeramente, el cuento de Tomás. Estaba que reventaba de alegría por el logro de mi colega filólogo, porque sé que es una gran mente de la juventud. Al terminar, recorrí el índice en búsqueda de la próxima historia.  Cierto título me pareció muy familiar y abrí el libro en la… Página uno, página dos, página tres… En mi cabeza el lei motiv  reproducía, como lo haría toda una orquesta, unos “si, la si do si la si do si…”.

Mi corazón, que palpitaba en tres cuartos, no podía creer encontrarse con un escritor que fuese capaz de apropiarse de la melodía y de la vida de  unos de los compositores más grandes de la Nicaragua de principios de siglo XX, y que me hiciera encarnar el dolor que este músico sufrió en su camino a la muerte a causa de la lepra.

Se trataba del cuento Ruinas, de un granadino llamado Roberto Carlos Pérez que a su vez trataba del vals homónimo más famoso del compositor José de la Cruz Mena, nuestro divino leproso que dejó la vida con el corazón en la mano y con una infinidad de música que se llevó a la tumba porque la muerte fue mucho más cruel con él que con Mozart o Schubert, dos compositores que abandonaron la tierra en la plenitud de la vida.

Gracias a Víctor Ruiz, poeta y profesor de literatura de la UNAN- Managua (la Palmera y yo le tenemos gran estima), Roberto Carlos presenció los últimos minutos de mi presentación con Merlot y Duende un miércoles en el Café Concert El Panal y ahí nos presentaron. Ahí fue cuando me surgió la idea de entrevistarlo y meses después, él ya estando de vuelta en Estados Unidos, logramos pactar una entrevista virtual. Espero disfruten conocer a Roberto Carlos Pérez a través de estas interrogantes que sé que no resumen lo que él es.

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¿Cuándo y dónde naciste? 

Nací en Granada, en el incómodo año de 1976, justo cuando se gestaba uno de los peores baños de sangre en los historia del país.

¿A qué edad tuviste que dejar Nicaragua y por qué?

Es indudable que para todos los que estamos vivos la fecha más importante es la del nacimiento. En mi caso, la segunda más importante es aquella tarde de domingo de 1988 en que tuve que salir de mi país debido a la absurda guerra civil que ya había cobrado las vidas de cuarenta mil jóvenes.  

¿A qué edad aconteció tu primer contacto con la música y tu primer contacto con la literatura?

Nací músico, por lo que me es difícil ofrecer una fecha, pues en mi familia la música siempre fue parte de la cotidianeidad. En cuanto a la literatura, mi padre ha sido un ávido lector, de modo que entrar en el mundo de la lectura, mucho más divertido que el de la escritura, se dio de manera natural. Sin ánimo de compararme y haciendo un recorrido mental por los años que le he dedicado a la literatura, puedo verme reflejado en unos versos de Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito;/ a mí me enorgullecen las que he leído».

¿Por qué escogiste la trompeta como instrumento?

Comencé tocando el piano, extraordinario instrumento que tuve que abandonar debido a que mis padres no tenían dinero para comprarme un piano de cola. Recién habíamos llegado a los Estados Unidos y la vida de inmigrantes que nos tocó vivir no fue nada fácil. Sin embargo, a los doce años llegó la trompeta a mi vida y fue amor a primera vista, pues muy pronto descubrí que es un instrumento intensamente lírico y ya nunca lo abandoné.

¿Cuál es el género literario que más cultivás y por qué? 

Escribo narrativa y ensayos. La narrativa me da la oportunidad de moldear mundos y personajes, mientras que el ensayo resulta la mejor manera de aprender. En un ensayo quien se lleva la mejor parte no es el lector sino quien lo escribe.

He recordado lo que leíste sobre San Francisco de Asís y el lobo la otra vez en esa aula del la UNAN Managua, la última vez que creo que te vi, frente a los alumnos de Filología y Comunicación. Tomando en cuenta varias de tus publicaciones sobre Rubén Darío, intuyo que él es tu mayor influencia en cuanto a la literatura nicaragüense. ¿Qué es lo más relevante que has encontrado en Rubén Darío?

Rubén Darío sigue tanto o más vigente que en su época. Esa necesidad de poner el español a la par de la realidad de los tiempos la seguimos viendo ahora sin poder hacer mucho. Para Darío no era lo mismo describir la luna sentado sobre la hierba que hacerlo sobre un locomotora de vapor a cincuenta kilómetros por hora. Ya en el siglo XXI y en comparación con el inglés, el español resulta ineficiente cuando lo enfrentamos a la era electrónica, lo cual nos hace recurrir al horror del Spanglish. El problema es que, a diferencia de los modernistas que sí vieron la necesidad de agilizar nuestro idioma y darle nuevos aires, los escritores de este temido siglo desconocemos los avatares que ha sufrido nuestra lengua para mantenerse de pie, ya que las humanidades están pasando por su peor crisis. Bastaría leer a conciencia una crónica de Darío  para darnos cuenta de lo mucho que el idioma ha perdido.

¿Qué estudios has alcanzado tanto en la música como en la literatura?

Estudié música en la escuela de bellas artes Duke Ellington School of the Performing Arts y me licencié en música clásica por Howard University. Actualmente curso estudios graduados en literatura española medieval y de los Siglos de Oro en la Universidad de Maryland.

¿Podrías describir tu labor como docente de Historia de la Música y Armonía en The European Academy of Music and Art?

Enseño historia y armonía de la música, y puedo decir que he descubierto otra pasión más al enseñarle a mis alumnos cómo situar a un compositor y a una pieza en un determinado momento de la historia para entenderla mejor y ejecutarla a como debe ser.

¿Adónde pueden leerse tus obras?

Mis ensayos generalmente se publican en tres revistas: Carátula, El hilo azul y eHumanista. En cuanto a mis cuentos, pronto saldrá una tercera edición de Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Ese es todo un acontecimiento, pues cuando escribí ese libro pensé que no lo leerían más de tres personas. Y aquí me tienes, hablando de una tercera edición en una época en que leer no es lo más común

¿Has planeado volver a vivir en Nicaragua? Si no, ¿cuáles serían tus razones para no habitar en tu país de procedencia?

Regresar a vivir a Nicaragua ha sido mi sueño desde que salí. Sin embargo, todo se vino abajo en el momento en que el binomio presidencial que ahora tiene controlado el país llegó de nuevo al poder. Salimos huyendo de una guerra y de una dictadura disfrazada de democracia en los años ochenta. Después de haber probado la libertad me es muy difícil vivir en un país que no aprendió la lección y, sobre todo, que no hace nada por sacudirse la modorra en la que la pareja presidencial lo tiene sumido.

¿Qué definición tenés vos de tu ser artístico?

No tengo ninguna definición excepto la de hacer las cosas bien. La música me enseñó a tener una disciplina de soldado, mientras que la literatura me ha adiestrado a golpe y porrazo a hacerme de mucha paciencia. No salgo de mi pequeño estudio hasta que la nota no esté bien o hasta que al menos una oración no esté bien construida. Escribo y practico la trompeta todos los días pues cada pieza o cada texto es un reto diferente.  

 ¿Qué mensaje podrías dejar a las nuevas generaciones de músicos y de escritores en Nicaragua?

Me pones en aprietos, pues carezco de autoridad para dar consejos. Lo único que puedo decirles es que escriban y practiquen su instrumento todos los días, haciéndose del absoluto criterio de que somos parte de una cadena de grandes músicos y escritores de los cuales podemos aprender siempre algo.

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(*) Ana Verónica Sánchez Narváez (Managua, 1992) también conocida como Ave Asán. Violinista y cantante lírico. Es egresada de la carrera de Filología y Comunicación de la UNAN-Managua. 

Composiciones de Bach en convenio

La orquesta de cámara de la UPOLI realizó concierto de piezas de Bach con Sasha Ferreira, Doctor en violín, como invitado especial.

Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

Semanas antes del concierto, los alumnos y colegas del maestro Gabriel Hernández García andaban alborotados: se había anunciado que para su próximo concierto interpretarían piezas del compositor alemán Johann Sebastian Bach en Managua, León y Masaya acompañados por un invitado muy especial: el Doctor en violín Sasha Ferreira paisano del, también violinista, maestro Hernández.

Sasha Ferreira fue instruido primeramente por su padre, Alejandro Ferreira, en La Habana. Ganó varias veces el premio Amadeo Roldán en la categoría regional y nacional en Cuba. Después se fue a estudiar al Conservatorio Nacional de Música en Lima, Perú donde se graduó y en donde impartió clases por varios años. Ha grabado CDs como solista y realizado varias giras como miembro de orquesta. Obtuvo su grado de Doctor en violín y viola en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Actualmente es parte de la Facultad de Winter School District en Gulfport, Mississipi, Estados Unidos.

El concierto de música clásica, con Sasha Ferreira como invitado especial, fue realizado por la Orquesta de cámara del Conservatorio de música de la UPOLI el lunes 27 de julio en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

Al iniciar el concierto, Sasha tocó a dúo con el maestro Gabriel Hernández el concierto en re menor para dos violines; luego fue dirigido, siendo acompañado por la Orquesta de cámara, por el maestro Hernández, cuyos ademanes vigorosos y precisos al dirigir imprimían fuerza escénica a las melodías ejecutadas; finalmente, Sasha Ferreira interpretó la Chaconne, una pieza de violín bien conocida entre los estudiosos del instrumento.


Fue una presentación exitosa, a sala llena, que emocionó tanto a los músicos como al respetable público por igual.

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El cuarto de Bruno Cortina

Bruno Cortina es un músico autodidacta que aprende constantemente en su centro de operaciones personal: su cuarto.

* Por Solange E. Saballos

Fotos de: Archivos de Bruno Cortina

Era la noche del estreno de RuteadoS, un 30 de agosto de 2013 en la Alianza Francesa de Managua. Ya había escuchado hablar de él por parte de la Ave, quien lo había conocido durante el rodaje de esta serie de cortometrajes, cuyas historias se entrelazan entre sí a través de las subidas, bajadas y paradas que los personajes le hacen a un destartalado bus, destinado al transporte urbano colectivo en Managua. Él había sido el encargado de elaborar el soundtrack.

Recuerdo habermelo topado frente a frente, afuera del local, y que me gustaron los lentes setenteros que todavía se sigue poniendo. Cuando conocí a Bruno no pude dejar de notar que su manera de ser suave, con ocasionales atisbos de timidez, y su sonrisa amable contrastaba con la imagen mental de rockstar desenfrenado a la que me tenían acostumbrada mis bandas favoritas. Experimenté un poco de timidez, que se disipó pronto ante su trato ameno.

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En la escena musical actual, Bruno Cortina ha llegado a destacar como el compositor, guitarra líder y vocalista de Nemi Pipali, la banda capitalina que lleva dentro de su rock fusión mezclas de rock psicodélico, progresivo, jazz y ritmos latinos. Próximamente estrenará su primer videoclip, Enano cabezón, elaborado por los Cierto Güis, la joven productora de cine de la que forma parte.

Es remarcable el trabajo que ha realizado con los Cierto güises preparando los soundtracks de RuteadoS y del documental Si Buscabas. Además ha elaborado varias composiciones musicales para ONGs, jingles, viñetas para campañas educativas y promoción de bandas, ha impartido clases de guitarra y recientemente grabó y produjo un disco de música infantil. También ha colaborado como guitarrista en Cultura Folk, DJ Revuelta Sonora, Momotombo y Omnífono… Su vida laboral es diversa y agitada.

¿Cómo lo ha logrado? Este es su secreto: “La clave es la disciplina, si querés llegar a lograr algo. Darle y darle”.

  • Un ser musical

“A veces siento que escucho más de lo que veo”, me revelaba en la entrevista que tuvimos en el Bar El Panal, una conversación íntima más qué agregar a los 23 y tantos años que este bar tiene de ser el nido acogedor de la bohemia managua. Evoqué aquella noche de San Valentín en su cuarto: las paredes, con dibujos y cuadros coloridos, y en medio de la habitación los micrófonos dispuestos para que la Ave y Móises grabaran las primeras composiciones de Avelqech. Bruno estaba con sus audífonos, con Ioel Molina como apoyo técnico, ambos inclinados sobre la computadora, indicandoles cuándo tocar. Tenía lo indispensable para la sesión en su cuarto-estudio.

Mi mente regresa a la entrevista y escribo a toda velocidad, a falta de grabadora, los sucesos más notables de su vida musical: cómo la música lo acompaña desde antes de nacer -su padre, músico también, le tocaba el saxofón desde que estaba en el vientre materno-; las perennes melodías de toda clase de géneros que escuchaba en su hogar; el libro de guitarra clásica con método autodidacta que su padre le obsequió para que aprendiera y las dos breves lecciones que le dió; Díabizarro, su primera experiencia en una banda musical; Alea iacta est, el primer proyecto que lo incentivó a hacer música con video; los momentos de incertidumbre por los que tuvo que atravesar antes de marcar el rumbo definitivo hacia la música; sus colaboraciones con otras bandas; Nemi Pipali, la banda que integra con su hermano Michael Cortina en la batería y su amigo Evenor González Pérez en el bajo, y nuevamente su labor en Cierto Güis Producciones.

Nemi Pipali

Nemi Pipali

  • El autodidactismo, notable cualidad

Gracias al libro que le dio su padre, Bruno aprendió a tocar por su cuenta. Después de finalizar el texto de lo que fue su llave hacia el conocimiento musical, quiso saber más y más: empezó a frecuentar los cyber cafés para obtener más tablaturas, ver videos musicales y descargar libros de música.  Además de tocar su guitarra, Bruno puede cantar, tocar bajo, percusión y algo de batería y teclado. Asegura orgullosamente haber tocado su primera ranchera a los diez años.

La psique de Bruno tiene una curiosidad desbordante y una intensa necesidad de aprendizaje. “No tengo ninguna titulación. He querido estudiar aviación, botánica, biología, ingeniería ambiental… Me han llamado la atención todas esas carreras”.

Poco después de que los integrantes de Díabizarro escogieran su camino, Bruno, fiel a la música, se encontraba indeciso entre estudiar una carrera en la Universidad, ingresar al Conservatorio o seguir su estrella por su propia cuenta

Como no se encontró a gusto con las primeras dos opciones, retornó a su fuente primaria de aprendizaje: el Internet. “Seguí estudiando por mi cuenta, siempre en mi cuarto”. Siempre en su cuarto como centro de operaciones, se dedicó a seguir componiendo y haciendo grabaciones. Tuvo que mejorar su equipo para ello, ya que considera importante que los músicos puedan grabarse y autoproducirse, y también se debió a que empezó a interesarse por los materiales audiovisuales.

Después de enumerar los variados trabajos que ha realizado de la mano de la música, dijo: “Comencé a hacer música y hasta hoy no me he detenido”.

¿Se rifará algún día a ser solista? “Creo que no, aunque sería interesante hacer una presentación solo”.
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Más de dos meses más tarde, vuelvo mis ojos a esta larga entrevista, ahora editada. Un par de semanas antes volví a citarme con Bruno, misma mesa y mismo lugar, a discutir los pormenores de este perfil. Después de regañarlo -de nuevo- por haberme hecho esperar tanto, y aceptar sus humildes disculpas, lo perdoné a sabiendas de lo atareado que lo mantiene su razón de ser: la música.

Bruno Cortina en Soundcloud


Nemi Pipali en Soundcloud

Garcín y sus agregados en concierto

Ese miércoles de concierto, el Bar El Panal contó con tres presentaciones de bandas previas al concierto de Garcín y con otros artistas invitados.

* Por Solange E. Saballos

Era una noche de los acostumbrados miércoles de concierto del Bar El Panal, ese reconocido bar artístico-cultural que por más de 23 años ha acogido a la bohemia capitalina y sus agregados culturales. Apenas caía la tarde y ya estaban ocupadas muchas de las mesas; al llegar la noche estaban ocupadas todas.

Llegué con la esperanza de encontrarme con mi Merlot y su Duende, pero mis estimados músicos se hacían notar por su tardanza, así que entré al bar esperando encontrarme a alguien conocido. Justo en la mitad del bar, estaban sentados el poeta Carlos Grigsby y el artista visual Alejandro de la Guerra tomándose unos litros. Los saludé y me senté con ellos. Unos minutos más pasaron antes de que Leo y la Ave se presentaran repentinamente, y con una sorpresa: el primer disco de Merlot y Duende en sus manos.

“¿Sabés lo que me dijo Leo después de la primera vez que lo escuchamos?”, me dijo la Ave, conteniendo la risa. No me resultó sorpresiva su respuesta: “Volvamóslo a grabar”, y se tiró una larga carcajada. A su lado, Leo estaba saludando a sus colegas músicos. Tenía su guitarra a la espalda y una sonrisa amable y burlesca.

Contemplé al fondo del bar, lleno a más no poder: era una mescolanza de artistas y público. Varios músicos habían llegado para abrirle el concierto a Garcín, una de las bandas nacionales que más ha pegado en años recientes y la principal razón por la que El Panal se encontraba desbordado, con sus mesas sitiadas por botellas y más botellas de alcohol.

“¡Flaca loca, hacía tiempo que no te veía!”, me saludó Samuel con un gran abrazo, mi amigo y percusionista de Eco latino, la primera banda en tocar esa noche. Estaban Arnold Salgado en el bajo; Marvin Vallecillo en el teclado; Samuel Elías en la percusión, y Móises Gámez en la guitarra y como voz principal. La Ave y yo estábamos impactadas de la evolución que han tenido, sobre todo porque ahora tocan sus propias composiciones y por la hermosa, potente y melodiosa voz de su vocal. Similar opinión tuvimos sobre la ejecución de los instrumentos.

Eco latino

Eco latino

Después que terminaron de tocar, en el bar irrumpieron unos jóvenes músicos que eran una mezcla de miembros de las bandas emergentes Nadsat, The Camels, Ple, Blunted memories y un batero que aún no tiene banda. “Buenas noches, nosotros somos los Casablanqueños”, dijeron, quizás haciendo alusión a la película Casablanca (1942). Eran Juberth Flores en el bajo; Jamil Zeledón en el teclado; Carlos Zeledón en la guitarra, y Daniel Osorno en la batería.

Casablanqueños

Casablanqueños

Luego vinieron mis mimados: los Merlot & Duende, unos pájaros exóticos recientemente liberados en la escena musical y con una propuesta ‘flamenco fusión’. Estaban Leo Canales en la guitarra flamenca y la Ave Asán como vocal.

Merlot y Duende

Merlot y Duende

Finalmente, cargados con las buenas vibras de sus amigos músicos, le tocó el turno a los chavalos de la noche: Garcín. Estuvieron Mario Ruiz en la guitarra acústica y voz principal; Milton Castrillo en la guitarra eléctrica; Andrés Centeno en el bajo; David Keagan en la batería y Oskar Acevedo en la percusión. Durante su concierto contaron con los poemas de los Amigos de Monet y con cuentos de Dorling López. Recuerdo momentos abrazada con la Ave, cantando con todo el público: “Hoy podría ser ese día que no te cueste sacar el corazón del caparazóoooon…”

La noche rebasó las expectativas gracias al apoyo e intervención de los artistas amigos de Garcín, de los propios garcínes y del respetable público, emocionado con la música y embriagado de alegría. ¡Salud!

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La mesa de Eco latino

Un Duende que bebe Merlot

Merlot y Duende es el nuevo proyecto musical de la violinista y cantante lírico, Ave Asán, y del guitarrista Leonardo Canales.

Por Solange E. Saballos

Fotos por: María Guerra y Palmereando

La Ave y yo conocíamos a Leo desde hacia bastante tiempo: fue nada más y nada menos que uno de los muchos administradores que tuvo el Art café. En 2012, cuando Leo y Daniel lo administraban, íbamos frecuentemente.

Foto por María Guerra

Foto por: María Guerra

Yo sabía que Leo tenía una banda llamada Oleo Calé, y que tocaba flamenco. Muchos de los que lo habían visto en concierto, incluyendo a la Ave, se admiraban de cómo sus manos de gorrión se deslizaban, hábiles y suaves, sobre las cuerdas de la guitarra, acariciándolas y pellizcándolas con sutileza.

Creo románticamente que al destino le gusta empujar por varios senderos a los artistas, para que al llegar a conocerse entre sí, fecundados por su amor al arte, creen juntos cosas maravillosas, capaces de expresar con belleza los sentimientos que nos aturden.

Foto por: María Guerra

Foto por: María Guerra

Primero fue con Móises, y ahora también con Leo. Ave y Leo empezaron a verse frecuentemente, a hablar de composiciones, notas y gajes del oficio musical. Se unieron escénicamente por primera vez en un concierto de Avelqech  en Cronopios y Pastas.

Poco a poco, se les fue ocurriendo continuar con la idea de unir su gusto por Federico García Lorca, la música española y sus características particulares como músicos. Invitaron a Gabriel Rayo para hacer la percusión, y en abril de 2015 formaron Merlot y Duende.

¿Por qué se llaman Merlot y Duende? Bueno, Merlot es la marca de la cajita de vino que a Leo le gusta tomar cuando no anda ganas de cerveza, y también sirve como alusión del etilismo de sus integrantes; y es Duende porque Federico García Lorca consideraba que esa era la representación del arte. En su ensayo Juego y Teoría del Duende, Lorca define al Duende, junto a las musas y los ángeles, como una de las tres encarnaciones de la inspiración artística y la creatividad humana.

Merlot y Duende “tiene como matiz principal la exploración y ejecución de piezas de música étnica y el collage que se puede realizar a partir de las diferentes escuelas, ritmos e influencias de cada uno de los integrantes”, cuentan en su carta de presentación.

Ahora bien, analicemos un momento la fusión de estilos que tenemos acá: son músicos latinos haciendo tributo a las raíces españolas e integrando las inclinaciones y técnicas musicales de cada uno. Tenemos a la Ave, una violinista y cantante lírico; a Leonardo, un rockero gitano, con la guitarra y haciendo los coros; y a Gabriel Rayo, con la percusión latina del cajón peruano.

De vez en cuando, los Merlot y Duende cuentan con el apoyo de la compañía de danza flamenco Vida flamenco, dirigida por la bailarina Karla Rivas. Estas bailarinas crean coreografías a ciertas piezas que tocan los Merlot y Duende, tales como soleares, tientos, sevillanas, granaínas, pasodoble, tarantas, malagueñas y otros palos derivados del flamenco.

Para el Día de las Madres estuvieron de concierto en Basil Lounge, y tuve el placer de conocer a dos de las bailarinas de esta compañía: a Karla Rivas, la directora, y a Fannelly Coca, una de sus bailarinas. La pobre Fannelly estaba algo enferma, pero eso no le impidió ir a bailar. Ella y Karla se turnaban para bailar las composiciones, pues el escenario era algo pequeño, dotando con desbordante pasión sus pasos. El vestuario que usan es una belleza: este es elaborado por la propia Karla.

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Estos músicos me tienen envuelta en una fantasía flamenca, de panderetas y castañuelas. Me están haciendo recordar mi pasión por la poesía de García Lorca, a quien tanto adoro también. Creo que me estoy acostumbrando al estilo gitano en la que me están involucrando.

Hace poco, no comprendía la afición de Leo por el flamenco. Me resultaba un género musical extraño, que había escuchado poco. Hasta que un día, Leo me hizo ver una película sobre la vida de uno de sus héroes personales: Camarón.

Como los Merlot y Duende son músicos extremadamente sociales y solidarios con su escenario, tienen muchos amigos artistas a quienes les gusta invitar a compartir en sus presentaciones, como a la narradora oral escénica Dorling López, narrando cuentos, o a mi persona, recitando poemas. Así fue como transcurrió una de las últimas presentaciones de Merlot y Duende, que fue el jueves 28 de mayo en La Otra Embajada.

Foto por: María Guerra

Foto por: María Guerra

Los Merlot y Duende cuentan con un repertorio de composiciones propias y también tocan piezas de Paco de Lucía, Sábicas, Manolo Sanlúcar, Francisco Tárrega, Isaac Albeniz y Ernesto Lecuona.

“Ala, no he ido a sus conciertos y me muero por escuchar a esta banda”, se dirán mis lectores. No se preocupen, los Merlot y Duende están grabando su material, al que llamarán Aquila, próximamente disponible y a anunciar por este medio.

En Aquila los muchachos van a dar a conocer su sonido característico, tanto en estudio como en vivo, y presentarán una mezcla de ritmos que nos va a dejar con ganas de fijar la vista —y el oído— en la riqueza de esta propuesta musical, que evoca con sus fusiones a nuestro mestizaje.

Merlot y Duende en Facebook

No se volvió al agua: se volvió en el tiempo

Luis Eduardo Aute improvisa una presentación después de un conversatorio sobre la guerra, la libertad y ser cantautor con los músicos nicaragüenses Holbein Sandino y Katia Cardenal.

* Por Solange E. Saballos

Fotos por: Palmereando

En el programa estaba dicho que Luis Eduardo Aute vendría a presentar su libro de poesía completa, Volver al agua; pero el voluminoso poemario no pudo estar presente para el día estipulado, así que se improvisó un conversatorio entre Aute, Katia Cardenal y Holbein Sandino como moderador y después una lectura y concierto por parte de Aute.

‘¿Historias narradas, poetizadas o cantadas? Presentación del libro Volver al agua, poesía completa de Luis Eduardo Aute’ fue realizada en el Centro Cultural de España en Nicaragua el miércoles 20 de mayo en el marco de la III Edición de Centroamérica Cuenta.

El evento inició con una muestra de cortometrajes de una película de Luis Eduardo del año 1997, cuya animación “primitiva y rústica” según el propio Aute fue “recreada con trozos de película y una cámara antigua”. Este señor es un multifacético artista: músico, cantautor, cineasta, pintor, escritor y escultor.

Estuvo en Nicaragua hace poco, en la XI edición del Festival de Poesía de Granada, en donde tuve la oportunidad de conocer de él, puesto que más allá de saber que Rosas en el mar sale en un episodio de los Simpson no sabía más de la diversidad en la obra de este artista español. He de agradecer también al revuelo causado por sus fans, la prensa nicaragüense y a la entrevista que Magdiel Midence le hizo y que publicó en este medio. Además fue notoria la intensa emoción de Gustavo Campos, escritor hondureño y uno de los autodeclarados mayores admiradores de Luis Eduardo Aute, declaración que gusta de sustentar con sus vastos conocimientos de su obra. La noche que Aute se presentó en Granada me topé a mi profesor de poesía, el poeta y crítico literario Víctor Ruiz, quien me aseguró haber ido al FIPG “única y exclusivamente para escuchar a Aute”.

Luis Eduardo Aute y Gustavo Campos

Luis Eduardo Aute y Gustavo Campos

Sí, hay muchas anécdotas alrededor de la llegada de Luis Eduardo Aute a Nicaragua, y en este conversatorio se sumaron a su historia las percepciones y vivencias de dos músicos nacionales.

Holbein empezó diciendo que “al hacer música hay que ubicar las palabras dentro de un espacio” a lo que Aute replicó con ingenio y humor que le bastaba “con que emigren a un sitio”. Holbein volvió a la carga: “¿Cómo ubicar en jerarquía melodía y letra?”. Aute reflexionó y aseguró con naturalidad que no sabía de dónde venían las canciones. Sencillamente lo tocan y se convierten en poema o canción. Considera que el texto y la melodía son igualmente importantes “porque ambos deben ser uno”.

“Prefiero la indisciplina”, dijo risueñamente, quizás anticipando el momento de revelarle al público que no tenía consigo ‘Volver al agua’, pero que los compensaría con una amena presentación.

Retomando su concepción musical, Aute considera que las canciones son “un medio que debe durar cinco minutos con principio, nudo y desenlace y que deben provocar algo”. Inmediatamente agregó: “Estructurar una canción no es nada fácil”.

“Después de escribir una canción acabo destrozado”. Pobre Aute. Ciertamente, exprimir tus sentimientos hasta lograr recrearlos artísticamente es un ardua labor que implica dedicación, perseverancia y pasión. Es hasta alcanzar el fin esperado que el artista se permite descansar de sus búsquedas.

Después Holbein se volvió a Katia y le preguntó por su experiencia y preferencia: ¿Melodía o lírica?

“Escritura es ir a pie; poesía es tener alas, y canción es ir con la corriente”, expresó Katia, y sostuvo que “poesía y música son guiadas por un alma de otro lugar, que no sabemos de donde viene”.

“Es un privilegio que no le toca el hombro a todo el mundo”. Ciertamente, el arte es un don, pero también una desazón, una arraigada inquietud, una urgencia de ser…

A como usualmente sucede, se trajo a colación el tema de la guerra, bastante fresco en el país por los escasos treinta y cinco años que nos separan del último gran conflicto. Holbein dijo “parece que estamos en tiempos en que se nos ha olvidado protestar, enfrentar aquello que no es normal”. Esta aseveración la usó como preludio para llegar a mencionar “la música de protesta”.

Aute pareció obviar esa connotación, y primero dijo “nunca entendí esa etiqueta”. “No es etiqueta”, le replicó Holbein. Fui ahí que Aute se abrió para hablar de su época y su contexto, entre los años 60’s y 70’s, cuando aún dominaba el franquismo en España. Recordó a los híbridos que eran “poetas y músicos a la vez con una urgencia de cantar”, y de la canción de autor como reinvidicación en tiempos de política y censura.

“La única manera de manifestar el repudio era a través de la música y el humor. Tipo Charlie Hebdo”, agregó. “Al escribir de verdad lo que yo sentía, las palabras sí o sí salían impregnadas con lo que se estaba viviendo”.

Por su parte, Katia Cardenal señaló que “es más fácil cantar una canción que pasar un panfleto” y que “había una urgencia juvenil de querer las cosas mejor y de participar”.

“Creo que las canciones tienen ese poder”. Con una romántica visión de aquellos tiempos de hermanamiento en contra del régimen somocista, Katia dijo que los artistas “eran rebeldes solidarios que participaban en las campañas”. Dijo que “el verdadero artista tiene un poquito más de humanidad”. Acá encuentro necesario señalar que no hay que olvidar que tener ‘humanidad’ no sólo implica nobleza: también es destrucción, odio, masacre y perfidia. Mismos males que esta generación de músicos vivió en carne propia y de la que guardan tan amargo recuerdo que prefieren centrar sus atenciones en hablar del bien común y de pequeños milagros. Como cuando se dedican a su oficio: “Existe un pequeño milagro cada vez que uno intuye una canción”, expresó Katia.

Ya acercándose a las Palabras en Libertad, Holbein cuestionó: ¿Creés que la autocensura es un mal o una percepción de los artistas?

Luis Eduardo Aute expresó que prefiere no escribir sobre eso por respeto a sus hijos y porque no quiere “quitarle la esperanza” a la juventud. “El mundo es tan cruel, tan horrible…”

Katia retrocedió la memoria muchos años, para desempolvar la historia de sus reuniones con su hermano, Danilo Norori y Salvador Bustos. Los tres inquietos músicos pasaban comentando entusiasmadamente sus composiciones, mientras que Katia engavetaba sus manuscritos de canciones. Como Salvador era el compositor, ella “tomó el papel de vocalista”. Fue hasta que se fue a Noruega que empezó su carrera como solista, y al traducir poemas del noruego al español fue que “comencé a creer que sí podía hacer canciones”. Su primer disco fue Mariposa de Alas Rotas y para ella significó “quitarme una armadura”.

Después Katia se vio un poco agitada por el hecho de ser mujer, y soltó un “¿Qué hago aquí?”. Hizo referencia al hecho de que “no hay cantautoras nicaragüenses” y que era un honor para ella compartir su “punto, como mujer cantautora”. Está bien, lo admito, yo tampoco conozco muchas. Quizás una compositora, la violinista de Avelqech, y Arleny Picón, autora de sus propias líricas; y no podría olvidarme de Majo & Mafe, raperas jóvenes, incursionando velozmente en la escena urbana de Managua. Están presentes, las nuevas compositoras y cantautoras están emergiendo. Lo que pasa es que aún no se han popularizado masivamente, y tampoco son muchachas que pidan permiso.

Creo que Katia retrocedió tanto que se volvió a poner su armadura, y tímidamente les dio las gracias a sus homólogos varones por dejarles platicar con ellos un rato. Recordé sus comentarios en el documental Si buscabas.

Finalmente, Luis Eduardo Aute improvisó una presentación con poemas escritos a modo de juego de palabras de su libro AnimaLhada; son breves sátiras sobre la vida, la religión, la política y demás males de la sociedad actual. Después complació a su público con un concierto.

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