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Se rompen los límites en Centroamérica Cuenta

El último conversatorio de Centroamérica Cuenta versó sobre la situación de la literatura centroamericana contemporánea y cómo es vista dentro y fuera del istmo.

* Por Solange E. Saballos

Foto por: Palmereando

El conversatorio, previo a la clausura de Centroamérica Cuenta, trató de lo siguiente:

La narrativa centroamericana contemporánea se debate entre la exploración de nuevas temáticas, géneros, estilos y la tradición, dominada por el realismo, la política y los estereotipos culturales. ¿Algún día Centroamérica proyectará una visión nueva o trascenderá esta dicotomía? Participan: Werner Mackenbach (Alemania), Nathalie Peyrebonne (Francia), y el Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve 2015. Modera: Sergio Ramírez (Nicaragua).

El conversatorio ‘La ruptura de los límites, los límites de la ruptura.’ fue realizado en el la Alianza Francesa de León el sábado 23 de mayo en el marco de la III Edición de Centroamérica Cuenta.

Werner Mackenbach  comenzó por situar su discurso desde una mirada exterior, y apuntó sobre las “nuevas voces con nuevas perspectivas continentales de en la región”.

“Los mundos siempre se han cruzado en Centroamérica”, dijo. “Basta con ver lo que está pasando”.

Por su parte, Nathalie Peyrebonne fue “aún más exterior”. Recalcó no ser una especialista en el tema y que sólo puede opinar desde la perspectiva de los escritores franceses: “Para el público francés es bastante misteriosa”. Pero, a pesar de la poca difusión de la literatura centroamericana, asegura que tiene lectores en Francia.

“Si el lema Palabras en libertad se impone como respuesta a la tragedia de Charlie Hebdo es porque hay puentes entre estos dos continentes (América y Europa)”.

Dijo que la literatura centroamericana “te hace vivir en un sentido del otro” y que su narrativa se caracteriza por ser una “narrativa que dialoga”.

No es de extrañar que haya conexión entre Centroamérica y Europa: basta con recordar la colonización y el mestizaje. También hay que recalcar la fascinación que los escritores franceses han causado en generaciones y generaciones de escritores de cada rincón del continente americano, y no son pocos, sean hoy mundialmente reconocidos o anónimos aventureros, los que fueron a pagar promesa a París. Recordemos a la Generación Perdida de Estados Unidos o un pasaje de Cien años de soledad, en donde García Márquez, en donde uno de los amigos de Aureliano Babilonia se va a vivir a París, “en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidas donde había de morir Rocamadour”.

“Los europeos están esperando al otro lado del océano, aunque no lo sepan”, agregó sonriente.

Sergio Ramírez  enfatizó que “Centroamérica reclama una identidad propia”. Le preguntó al ganador de este año del premio Carátula, José Adiak Montoya, si se identificaba como un escritor “latino o centroamericano”.

“No sé si debería alinearme geográficamente”, empezó José Adiak. “Creo en el poder humano de la literatura, es decir, de reconocerse en cualquier parte del mundo. Esa es la gran literatura”. Después mencionó lo de ser humano y como tal estar sujeto a cuestiones eternas como el amor, la muerte…

Sergio Ramírez señaló que el escritor y su entorno son un ente, y mencionó las temáticas presentes históricamente en la literatura centroamericana, como la literatura de dictaduras, la naturaleza versus la civilización, entre otros.

Werner habló de “entrecruzar las grandes literaturas en Centroamérica” y de que hay que “liberarse de esa búsqueda de identidad”. “La nueva literatura nos habla de las imposibles formas”, dijo.

Hizo hincapie en que la literatura no debe subordinarse a cuestiones partidiarias.“El aparato literario se ha dejado acaparar por los proyectos de construcción estatal”. Qué suerte que Werner parece desconocer del movimiento Leonel Rugama.

Werner continúo diciendo que abordar temáticas como la sequía, la deconstrucción ambiental y la pobreza rebela otro extremo de la literatura centroamericana. “Estamos viviendo en una situación donde todo se contradice”. Dijo que la literatura centroamericana “está comprometida éticamente con sus realidades”.

José Adiak Montoya dice encontrarse admirado por “su diversidad y búsqueda de nuevos estilos y sensaciones”. Según Montoya, la desconexión entre los países del istmo es lo que ha dado pauta a la diversidad y que el tropezón ha sido “la falta de distribución”.

Sergio Ramírez dijo, refiriéndose a la revista digital Carátula, que “las formas de difusión digital articulan cómo nos ven y es una manera de hacernos visibles”. Con 2114 Me gusta y contando, Ramírez está a gusto con las facilidades que propicia la tecnología de conectar y ser visto.

Con respecto al oficio de ser escritor, dio la fórmula mágica para ser leído: “El secreto es no ser aburrido”.

Werner Mackenbach menciónó algunas tendencias literarias actuales, como un retorno a “la narrativa urbana, un tono intimista, los mitos indígenas y ficcionar las relaciones con la familia”. También mencionó el caso de autores consagrados que descubren “nuevas temáticas”.

Aunque en la actualidad es mucho más fácil publicar un libro, Werner señaló que “hace falta un control de calidad a través de encuentros y retroalimentación”. Esto es una problemática que no debe pasarse por alto. Muchos libros que están saliendo en formato digital poseen errores garrafales de edición, una diagramación fea e incómoda para las pantallas, rigidez y poca variabilidad en sus formatos y una estructuración del texto bastante descuidada. Todavía las editoriales digitales no se han desarrollado a como se debe en Nicaragua.

Un periodista del público, de quien no puedo precisar el nombre, dijo algo muy cierto y muy necesario en el panorama literario nacional: “Los escritores deben acercarse y apoyarse en los medios de comunicación”. Me hubiera gustado agregar comentarios al respecto, pero me quedé con las ganas de usar el micrófono. “¡Yo quería hablar!”, fue lo único que alcancé a decir cuando se lo tuve que devolver, impotente, a la edecana.

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El humor, la barbarie y Charlie Hebdo

Se brindó un conversatorio en homenaje al atentado de Charlie Hebdo con Nathalie Peyrebonne, Mayra Santos-Febres , Pedro X. Molina  y con Carlos Fernando Chamorro como moderador.

* Por Solange E. Saballos

Eslogan por: Joachim Roncin

Foto por: Palmereando

Una hora antes de que se dieran las palabras de apertura, se hizo el conversatorio ‘El humor frente a la barbarie. Homenaje a Charlie Hebdo y a la libertad de expresión’. Con el periodista nicaragüense, director de Confidencial, Carlos Fernando Chamorro moderando, el conversatorio abrió con un mensaje del caricaturista francés Jul, a quien el gobierno de Nicaragua le negó la entrada al país sin motivo aparente y sin brindar ninguna explicación. En la grabación, Jul se disculpaba por no haber podido estar presente y saludaba a los organizadores y al público con una sonrisa.

Que Jul haya estado ausente es una ofensa mayor para el lema de este año: Palabras en libertad. Carlos Fernando, indignado, empezó a enumerar todos los casos de expulsión, censura y represión que ha realizado el gobierno nicaragüense en los últimos y lanzó varias reflexiones al respecto, entre las que se destacan: “un acto de intolerancia que le da mayor importancia a las palabras en libertad”; “la libertad de expresión es un derecho de todos”; y que “el gobierno limita el movimiento de los militantes de los derechos humanos en Nicaragua”.

El conversatorio ‘El humor frente a la barbarie. Homenaje a Charlie Hebdo y a la libertad de expresión’ fue realizado el martes 19 de mayo en la Alianza Francesa de Managua.

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Después de estas apasionadas declaraciones, Nathalie Peyrebonne, escritora francesa, cometó que “unos se mueren por no haber reído y otros por haber reído”.

Aunque aseguró que “no todo puede pasar por el filtro de la risa” demostró su simpatía hacia los dibujantes al decir que “Los dibujantes observan la realidad y la detallan de manera que tratan de entender lo que viven”.

Aprecia el valor de las caricaturas comparándolas con la palabra escrita: “Los dibujos, al igual que los textos, tienen ese poder”. Nathalie instó a “no dejar que las risas se acaben”.

Una de las cosas que la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres disfruta más es la de “poder burlarse”. Opina que la “desfachatez de reírse no la podemos aceptar” y que hay que “proteger la capacidad de reír”.

“El dibujo hace que uno se ría hasta de la capacidad de pensar”, con esta peculiar afirmación, dijo que las caricaturas hacen “repensar lo que es la inteligencia”.

Después le tocó el turno a El Alacrán: Pedro X. Molina.

“Más que hablar de sus límites habría que abordarlo de otra forma, es decir, hablar de los límites ya impuestos a los que trabajamos en procesos creativos” comenzó. A continuación citó los límites comunes: “límites de publicación, de la comprensión social —ahora es más fácil ofenderse que reírse—, es irónico con los tiempos de atrocidad actual la gente se escandaliza por un dibujo; y los límites del propio creador, la interpretación del público”. Me cayó bien Pedro X. Molina. Él y yo compartimos algo: el rechazo a lo políticamente correcto, cuando toma la forma de una camisa de fuerza absurda que pretende sentarle bien a todo el mundo a través del moralismo hipócrita.

También dijo que la sátira siempre se hace desde abajo, que el humor libera y que reírse es una válvula de escape. “Un pueblo que no tenga miedo es libre”, enfantizó.

Respecto al rechazo contra Jul asegura que es necesario preguntarse “¿Con quiénes quiere quedar bien el gobierno?”. No podría haber estado más de acuerdo.

Carlos Chamorro intervino alegando que “el humor debe tener algún conocimiento del contexto en el que se está moviendo”.

Por su parte, Mayra Santos-Febres señaló que “hay muchas razones para tener miedo a la hora de escribir”. Habló de que el pleno siglo XXI se siguen viendo la misma violencia y que escribir puede conllevar a “consecuencias no pensadas”. Acá nos detendremos a recordar el atentado de Charlie Hebdo.

Finalizó diciendo que escribe “porque uno quiere algo diferente para el mundo”.

Nathalie comentó que la risa y el miedo tienen como punto en común su facilidad de transformarse en “epidemia”.

“En Francia hemos pasado de la risa al miedo” continúo. Sólo cuestionó “¿Se abandonan los lápices o no?” para enseguida decir que “no hay que dejarse llevar por esa corriente borrascosa”.

Regresó Pedro X. Molina al ataque: “Esto no debería ser un acto meritorio de valor, hacer un dibujo, sino ser tomado de la manera más abierta posible”. Dijo que la única autoregulación de un caricaturista debería ser “tu sentido común y garantizar tu profesión”.

Acá se dio una de las declaraciones que a mi consideración, fue de una sensatez y de una delicadeza similar a la de tener atravesada una viga en el ojo: “¿Matar a alguien por un dibujo?”. Aplausos, alacrán.

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