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La insurrección y revolución de Margarita Montealegre

Margarita Montealegre vuelve a presentar su libro ‘Nicaragua, insurrección y revolución’ en el marco de la IV edición del Festival de Literatura UCA.

* Por Solange E. Saballos

Foto por: http://www.elnuevodiario.com.ni

Luego de que las ANIDE finalizaron sus actividades, venía la presentación del libro de Margarita Montealegre. Estaba emocionada de volver a escuchar a la primer fotoperiodista nicaragüense. La primera vez que la vi fue cuando estuvo en un conversatorio con Carlos Fernando Chamorro y el fotoperiodista estadounidense Bill Gentile, previo a la conferencia  que este último dio en el Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano el año pasado.

‘Nicaragua, insurrección y revolución’, es el primer libro de Margarita Montealegre. Fue publicado gracias al apoyo de Aula propia y presentado en marzo de este año.

Margarita no sólo tuvo que sobreponerse a los prejuicios de género de los que solemos ser víctimas las mujeres: tuvo que enfrentarse y capturar los crudos acontecimientos durante la revolución, y logró sobrevivir para contarlo. Era más de lo que podía pedir como amante de la historia, del fotoperiodismo y como periodista cultural.

Acá está la entrevista que le realizó Carlos Fernando Chamorro para Confidencial, previa a la presentación del libro:

Margarita Montealegre presentó su libro de fotografías ‘Nicaragua, insurrección y revolución’ en el marco del IV Festival de Literatura UCA el martes 4 de agosto en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA).

Margarita, a la par del proyector, mostraba los momentos cruciales y dramáticos que le tocó capturar, mientras narraba la situación y contexto de cada imagen. De cada instante que inmortalizó se desprendían mil historias conectadas entre sí. Contó lo que sucedía a su alrededor antes de tomar la foto, describiendo el contexto histórico. Compartió cómo tuvo que aprender a dominar sus emociones para poder asumir su labor, los momentos de pena y de gloria y también inverosímiles anécdotas —como cuando estuvo dentro del búnker de Somoza. Al penetrar en su oficina, y notar que había un teléfono,  se le ocurrió una sóla cosa: llamar a su padre para avisarle que aún estaba viva—.

Aunque Margarita, con su sonrisa carmín, hablaba con sus nervios de acero a la audiencia sobre aquellos años tan duros y tan recientes en la memoria colectiva nacional, yo estaba inquieta. A la par de mi admiración por ella creció una intensa compasión, tanto por los sacrificados en aras de un sueño que a todas luces no se cumplió, como por todo el dolor que tuvo que tragarse y aprender a digerir. Es un dolor que ha sido heredado a mi generación Sólo se me ocurrió decirle, a través del micrófono, lo respetable que ha sido su labor y lo mal que me sentía de que le hubiera tocado ser testigo de tanto sufrimiento a la par de la que sufrió ella misma. Sin inmutarse, Margarita sonrió, dio las gracias y se dedicó a atender los otros comentarios y preguntas.

Llegando al final de la presentación surgió la típica pregunta de lo que implicó para los fotógrafos tradicionales el cambio de la fotografía analógica a la digital. Aconsejó ser analítico a la hora de decidirse a tomar una foto, recordó la limitación de los rollos y habló de las maravillas de la tecnología actual.

“La vida continúa”, dijo. Así es, Margarita, la vida continúa… Sin poder, sin deber, olvidar.

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