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Hablan los sonidos, suenan las palabras: una entrevista a Roberto Carlos Pérez

Una entrevista a profundidad al músico y escritor nicaragüense Roberto Carlos Pérez.

* Por Ana Verónica Sánchez Narváez (*)

Fotos de: Archivo de Roberto Carlos

Cierto día, a principios de 2013, recuerdo que un muy querido amigo mío, Tomás Arce, un amigo muy querido, quien actualmente dirige Cierto Güis Producciones, me invitó a tomar un café cerca de la UCA. Hablamos de muchos temas, en especial sobre literatura y música, para variar jajajajaja. Pero hubo cierto detalle especial de la reunión: habían  seleccionado un cuento de Tomás para ser publicado en la antología Flores de la Trinchera. ¡Sentí tanto orgullo por él!

Esta antología, la primera publicación del Fondo Editorial Soma, reúne relatos de 13 narradores nicaragüenses, tango emergentes como reconocidos, acompañados de grabados y dibujos de Carlos Barberena.  Tomás, con su característica discreción, me obsequió un ejemplar con una dedicatoria especial para mí.

Corrí a casa y devoré con desesperación, primeramente, el cuento de Tomás. Estaba que reventaba de alegría por el logro de mi colega filólogo, porque sé que es una gran mente de la juventud. Al terminar, recorrí el índice en búsqueda de la próxima historia.  Cierto título me pareció muy familiar y abrí el libro en la… Página uno, página dos, página tres… En mi cabeza el lei motiv  reproducía, como lo haría toda una orquesta, unos “si, la si do si la si do si…”.

Mi corazón, que palpitaba en tres cuartos, no podía creer encontrarse con un escritor que fuese capaz de apropiarse de la melodía y de la vida de  unos de los compositores más grandes de la Nicaragua de principios de siglo XX, y que me hiciera encarnar el dolor que este músico sufrió en su camino a la muerte a causa de la lepra.

Se trataba del cuento Ruinas, de un granadino llamado Roberto Carlos Pérez que a su vez trataba del vals homónimo más famoso del compositor José de la Cruz Mena, nuestro divino leproso que dejó la vida con el corazón en la mano y con una infinidad de música que se llevó a la tumba porque la muerte fue mucho más cruel con él que con Mozart o Schubert, dos compositores que abandonaron la tierra en la plenitud de la vida.

Gracias a Víctor Ruiz, poeta y profesor de literatura de la UNAN- Managua (la Palmera y yo le tenemos gran estima), Roberto Carlos presenció los últimos minutos de mi presentación con Merlot y Duende un miércoles en el Café Concert El Panal y ahí nos presentaron. Ahí fue cuando me surgió la idea de entrevistarlo y meses después, él ya estando de vuelta en Estados Unidos, logramos pactar una entrevista virtual. Espero disfruten conocer a Roberto Carlos Pérez a través de estas interrogantes que sé que no resumen lo que él es.

RC

¿Cuándo y dónde naciste? 

Nací en Granada, en el incómodo año de 1976, justo cuando se gestaba uno de los peores baños de sangre en los historia del país.

¿A qué edad tuviste que dejar Nicaragua y por qué?

Es indudable que para todos los que estamos vivos la fecha más importante es la del nacimiento. En mi caso, la segunda más importante es aquella tarde de domingo de 1988 en que tuve que salir de mi país debido a la absurda guerra civil que ya había cobrado las vidas de cuarenta mil jóvenes.  

¿A qué edad aconteció tu primer contacto con la música y tu primer contacto con la literatura?

Nací músico, por lo que me es difícil ofrecer una fecha, pues en mi familia la música siempre fue parte de la cotidianeidad. En cuanto a la literatura, mi padre ha sido un ávido lector, de modo que entrar en el mundo de la lectura, mucho más divertido que el de la escritura, se dio de manera natural. Sin ánimo de compararme y haciendo un recorrido mental por los años que le he dedicado a la literatura, puedo verme reflejado en unos versos de Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito;/ a mí me enorgullecen las que he leído».

¿Por qué escogiste la trompeta como instrumento?

Comencé tocando el piano, extraordinario instrumento que tuve que abandonar debido a que mis padres no tenían dinero para comprarme un piano de cola. Recién habíamos llegado a los Estados Unidos y la vida de inmigrantes que nos tocó vivir no fue nada fácil. Sin embargo, a los doce años llegó la trompeta a mi vida y fue amor a primera vista, pues muy pronto descubrí que es un instrumento intensamente lírico y ya nunca lo abandoné.

¿Cuál es el género literario que más cultivás y por qué? 

Escribo narrativa y ensayos. La narrativa me da la oportunidad de moldear mundos y personajes, mientras que el ensayo resulta la mejor manera de aprender. En un ensayo quien se lleva la mejor parte no es el lector sino quien lo escribe.

He recordado lo que leíste sobre San Francisco de Asís y el lobo la otra vez en esa aula del la UNAN Managua, la última vez que creo que te vi, frente a los alumnos de Filología y Comunicación. Tomando en cuenta varias de tus publicaciones sobre Rubén Darío, intuyo que él es tu mayor influencia en cuanto a la literatura nicaragüense. ¿Qué es lo más relevante que has encontrado en Rubén Darío?

Rubén Darío sigue tanto o más vigente que en su época. Esa necesidad de poner el español a la par de la realidad de los tiempos la seguimos viendo ahora sin poder hacer mucho. Para Darío no era lo mismo describir la luna sentado sobre la hierba que hacerlo sobre un locomotora de vapor a cincuenta kilómetros por hora. Ya en el siglo XXI y en comparación con el inglés, el español resulta ineficiente cuando lo enfrentamos a la era electrónica, lo cual nos hace recurrir al horror del Spanglish. El problema es que, a diferencia de los modernistas que sí vieron la necesidad de agilizar nuestro idioma y darle nuevos aires, los escritores de este temido siglo desconocemos los avatares que ha sufrido nuestra lengua para mantenerse de pie, ya que las humanidades están pasando por su peor crisis. Bastaría leer a conciencia una crónica de Darío  para darnos cuenta de lo mucho que el idioma ha perdido.

¿Qué estudios has alcanzado tanto en la música como en la literatura?

Estudié música en la escuela de bellas artes Duke Ellington School of the Performing Arts y me licencié en música clásica por Howard University. Actualmente curso estudios graduados en literatura española medieval y de los Siglos de Oro en la Universidad de Maryland.

¿Podrías describir tu labor como docente de Historia de la Música y Armonía en The European Academy of Music and Art?

Enseño historia y armonía de la música, y puedo decir que he descubierto otra pasión más al enseñarle a mis alumnos cómo situar a un compositor y a una pieza en un determinado momento de la historia para entenderla mejor y ejecutarla a como debe ser.

¿Adónde pueden leerse tus obras?

Mis ensayos generalmente se publican en tres revistas: Carátula, El hilo azul y eHumanista. En cuanto a mis cuentos, pronto saldrá una tercera edición de Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia. Ese es todo un acontecimiento, pues cuando escribí ese libro pensé que no lo leerían más de tres personas. Y aquí me tienes, hablando de una tercera edición en una época en que leer no es lo más común

¿Has planeado volver a vivir en Nicaragua? Si no, ¿cuáles serían tus razones para no habitar en tu país de procedencia?

Regresar a vivir a Nicaragua ha sido mi sueño desde que salí. Sin embargo, todo se vino abajo en el momento en que el binomio presidencial que ahora tiene controlado el país llegó de nuevo al poder. Salimos huyendo de una guerra y de una dictadura disfrazada de democracia en los años ochenta. Después de haber probado la libertad me es muy difícil vivir en un país que no aprendió la lección y, sobre todo, que no hace nada por sacudirse la modorra en la que la pareja presidencial lo tiene sumido.

¿Qué definición tenés vos de tu ser artístico?

No tengo ninguna definición excepto la de hacer las cosas bien. La música me enseñó a tener una disciplina de soldado, mientras que la literatura me ha adiestrado a golpe y porrazo a hacerme de mucha paciencia. No salgo de mi pequeño estudio hasta que la nota no esté bien o hasta que al menos una oración no esté bien construida. Escribo y practico la trompeta todos los días pues cada pieza o cada texto es un reto diferente.  

 ¿Qué mensaje podrías dejar a las nuevas generaciones de músicos y de escritores en Nicaragua?

Me pones en aprietos, pues carezco de autoridad para dar consejos. Lo único que puedo decirles es que escriban y practiquen su instrumento todos los días, haciéndose del absoluto criterio de que somos parte de una cadena de grandes músicos y escritores de los cuales podemos aprender siempre algo.

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(*) Ana Verónica Sánchez Narváez (Managua, 1992) también conocida como Ave Asán. Violinista y cantante lírico. Es egresada de la carrera de Filología y Comunicación de la UNAN-Managua. 

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